Gracias por las amigas que comen pan

 

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Hoy en día todo es light: los postres, los refrescos, la comida y también las amistades. Socializas, sales y te diviertes, pero no tocas temas profundos ni entras en controversia sobre algún asunto. Parece que la consigna es ser ligeros. Todo está bien, cada quién lo suyo y viva la paz.

Sin embargo sigue habiendo una rara especie en peligro de extinción que son las amigas que comen pan.

Es un clásico salir a comer con las amigas, arreglarte para ellas como ni siquiera a veces lo haces para un galán. Vas con todo el ánimo de pasarla bien y disfrutar pero te topas con que una está a dieta, la otra ya no toma alcohol, una tercera es alérgica al gluten y tú te sientes como bicho raro porque comes todo, lo disfrutas y encima tienes la osadía de atacar la canastita de pan que ponen al centro de la mesa.

Pecado total; el pan engorda, infla, es adictivo y todo lo que tú quieras pero es, ha sido y será el alimento del hombre.

Esa rara especie de la que les hablaba son las amigas que probablemente se cuidaron toda la semana pero que cuando salen contigo disfrutan de lo que es producto de la tierra y trabajo del hombre. Con ellas se  habla de temas importantes, te preguntan realmente cómo estás y no lo asumen. Toman tiempos para hablar pero también para escuchar, lloran contigo pero saben en su momento decirte que eso no es para tanto. Confían en ti, en tu fuerza y disfrutan tu alegría y ocurrencias. En ocasiones extremas hasta untan mantequilla a ese pan en un mensaje desafiante a la vida que se aceptan y se gustan como están, que no van tras una talla inexistente y que son mujeres reales de hueso y mucha carne.

Son amigas de tiempo, sinceras, leales en las buenas y en las malas. Positivas y echadas para adelante, valientes y vibrantes. Te respetan si no comes postre pero el pan es el pan.

Yo no puedo imaginar mi vida sin esas amigas, que creo, son  la manera de Dios de disculparse por la familia que te dio o no te dio. Son hermanas escogidas, elegidas por el alma y que te hacen reír.

Gracias de todo corazón a las buenas amigas que tengo en la vida, las que tuve y hoy ya no están pero de las que también aprendí mucho. A las que vendrán y traerán consigo nuevas experiencias y aprendizajes y gracias sobretodo por las que tengo desde que aprendí mis primeras palabras, aquellas que sabían cuales eran mis sueños y hoy se entusiasman conmigo al verlos materializarse.

Fortuna es tal vez tener dinero y bienes materiales pero ser millonaria es contar con esas presencias incondicionales y tan dispuestas a encontrarle el lado de luz a la vida. Las que te sacan de tu sombra, las que te hacen visitar la “isla de las bobadas”, las que te rejuvenecen. Y muy especialmente aquellas  que como tú,  comen pan.

 

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He oído de tus libros

Es un enorme privilegio trabajar para tratar de mitigar y dar un sentido al dolor de las personas. Me siento muy bendecida al cumplir  19 años de ejercicio profesional como tanatóloga.

No hay un solo día aburrido o rutinario en mi vida; cada familia, cada usuario es un caso distinto y único. No dejo de sorprenderme, para bien con la fortaleza y resistencia de las personas y para mal con el nivel de violencia, impunidad o poca salud mental  de la que sufren algunos.

Con lo que sí de plano no me siento cómoda, es con los dolientes que quieren que se les resuelva el tema del duelo por ellos. “Ayúdame a ayudarte” me dan ganas de decirles pues de verdad que un proceso de duelo es un trabajo por realizar y no un mero trámite burocrático de vida al que pudiera mandarse a otra persona a hacerlo en lugar de uno mismo.  Tu dolor es tuyo, enfréntate a él y yo, con mucho gusto te acompaño en el camino.

“¿Cuanto dura el duelo por la muerte de un hermano?” me preguntó el otro día un paciente. Sin ser aficionada a las recetas de cocina emocional, me aventuré a decirle que alrededor de un año el proceso más difícil. “¿Es lo menos?” Me preguntó de vuelta. ¡Me estaba regateando!

Así como en la comida Fast food, queremos hoy duelos de microondas y soluciones express. Una pastilla mágica o la varita que nos ayude a deshacernos de la incómoda sensación de sufrir. Hemos perdido  la paciencia para extraer significado de nuestras vivencias, no queremos lecciones buscamos satisfacciones.

Alguien que está roto solo puede dar pedazos. Sanar toma tiempo y es ir pegando uno a uno  los pedazos de nuestro corazón para fortalecer el músculo y crecer a partir de lo vivido.

Todos preferirían morir dormidos, es decir, no darse cuenta. Eso es una evasión al dolor físico y no me preocupa, lo que sí me aflige es que quieran vivir la vida de la misma manera. Dormidos. Que las lecciones se les pasen de largo, sin detenerse a una reflexión o a sufrir la incomodidad de un duelo.

Dormir con alguien es incómodo, estar embarazada lo es también. Parir y extrañar a alguien ni se diga, pero benditas incomodidades que me recuerdan que estoy viva, que siento y vibro.

Ayer poniéndome al día en mis correos descubrí uno que me decía lo siguiente:

Hola. He oído hablar de tus libros. ¿Será que puedas darme un consejo para no sentirme tan mal por haber terminado mi relación con mi novio?  

Claro que le daré respuesta, pero a partir de ese mensaje se me ocurrió extender la invitación y el consejo para todo aquel que lea mi blog:

No se limiten a oír hablar de mis libros, léanlos. Todo lo que tengo que decir está plasmado junto con mi corazón en esas páginas. Lo que sé, lo que soy y lo que más deseo para ustedes puede leerse de izquierda a derecha en una hoja blanca. No busquen la receta fácil o el atajo para curar y madurar. Pasen a través del dolor y dense el permiso de detenerse a pesar de lo vertiginoso de nuestro ritmo, para leer un libro frente a una taza de te. Se pueden sorprender y descubrir porqué he nombrado a mis libros Tanatólogos de buró.

Oír hablar de las Jacarandás jamás se asemejará a la sensación de verlas. ¿Me dan una oportunidad  de tocarlos a distancia? Lean mis libros.

Cómo curar un corazón roto Ed. Diana

Elige no tener miedo Ed. Booket

Viajar por la vida Ed. Diana

La niña a la que se le vino el mundo encima Ed. Diana

Disponibles en librerías, iBook, Kindle y Googleplay. Amazon y Audible.com jacarandas

Una vida dulce sin azúcar

Tener un blog es muy parecido a trabajar en un Table Dance. Uno se quita la ropa.

Se desnuda ante los lectores porque se vuelve un espacio tan íntimo y tan personal que no queda opción más que  ser uno mismo.  Piensas algo, lo pones. Tomas una decisión, la compartes y así pronto quienes te leen, te conocen más que tus propios amigos que válgase la ironía; no te siguen en redes ni leen lo que escribes.

Hace tres meses dejé el azúcar refinada. La dejé por completo, ni catsup le pongo a mis papas  para que me entiendan.

No fue una recomendación médica ni una imposición de nadie. Decidí después de mucho leer e investigar que realmente el azúcar hace daño. Que es como el diablo que se disfraza y llega a ti vestido de tentación y placer pero que realmente trae consigo una agenda muy dañina.

No se los dije antes porque no era un propósito de año nuevo ni algo que yo estuviera segura de poder cumplir. Lo hice porque quería probarme a mi misma que puedo mantenerme firme en algo que realmente me cueste trabajo. Algunos de ustedes me consideran valiente por hablar en una conferencia frente a 8000 personas; eso se me da. Otros creen que hay gran mérito en que haya escrito  y publicado 4 libros pero eso es más una necesidad en mí que un oficio. Es mi manera de hablarle al mundo, de agradecer y orar por cambios. Las letras son como otra piel que no puedo ni he intentado nunca descoserme. Pero dejar de comer o consumir algo que me gusta eso sí ganaría mi propio respeto. Por eso tomé la decisión de sacar a los azúcares de mi vida.

Claro que fui a partir Rosca de Reyes pero no me la comí, por supuesto que fue mi cumpleaños y me dieron muchos pasteles y dulces regalos que agradecí en el alma pero compartí con mi familia y amigos. Me mantengo firme en algo que no es un sacrificio, es una decisión y así todo es más sencillo de realizar.

Me respeto por lo que estoy haciendo, no es una dieta, es congruencia. Y extiendo la invitación para quien esté listo y dispuesto a parar de hacer algo que lo esté dañando. Manden una señal clara al universo que se quieren, que valoran su salud y que desean conservarla.

No buscamos ser perfectos pero felices sí y respetarnos y sabernos gobernadores de nuestras acciones nos pone en un mucho mejor sitio para presenciar el espectáculo de la vida y participar de él.

Deseo lograr mi meta, no he flaqueado y tal vez y solo tal vez, a esta determinación se le sume el ahora sí hacer ejercicio de manera constante. Estoy buscando ser mi mejor versión y que cuando llegue mi momento de rendir cuentas cuando menos vean que iba en la dirección correcta aunque tal vez no haya alcanzado el destino final.

Un movimiento perpetuo, eso decía Augusto Monterroso ,escritor guatemalteco, que era la vida, un movimiento sin fin hasta que el final llega y solo quedará lo que hemos amado y la satisfacción del deber cumplido.

Hoy mi vida es muy dulce y tiene mucha sed de nuevas aventuras,  metas y viajes. Gracias siempre mis lectores, por acompañarme en cada uno de estos trayectos.

Paz y bien

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Cumplir años

El cumpleaños es una cosa grande. Siempre he disfrutado enormemente el protagonismo de un día en el que todos te dicen cosas lindas, te dan obsequios y  recibes muestras inesperadas de cariño.

Lo espero todo el año, lo planeo con tiempo y como siempre pasa, la vida acaba decidiendo por ti. Hoy me encuentro en casa, en pijamita y metida en cama con una gripe tremenda. La enfermedad es siempre un intruso, un visitante no planeado que viene a cambiarte el itinerario y llega también para enseñarte muchas cosas.

Hoy recibo de regalo de cumpleaños la certeza de que debo de cambiar un poco mi forma de trabajar, la intensidad con la que lo hago y mi inmenso sentido de responsabilidad que me lleva a no cancelar una sesión o  jamás quedarle mal a alguien aún cuando eso implique abusar de mis fuerzas o salud. Quiero que este año sea un ciclo de mayor equilibrio y aunque seguiré dando lo mejor de mí ,lo haré ya de manera más pausada y serena. ¡De todas formas no me va a dar la vida ni para leer todos los libros que quiero, ni para curar todo el dolor de país ni para darle paz a todos los que están necesitados de ella!

Así que me voy a tomar un día a la vez, cuidándome más, comiendo mejor, haciendo ejercicio y bajándole a mi nivel de auto exigencia. ¿Te suena familiar? Creo que muchos estamos cayendo en la búsqueda de la maternidad en excelencia, ser la pareja ideal, la trabajadora modelo y el número uno en todo y eso es francamente agotador. Hoy en mi reflexión de 52 primaveras pienso que se vive solo una vez y que cada día debe de contar. Hacer la diferencia en la vida de alguien, tocar vidas pero sobretodo disfrutar la tuya. Única e irrepetible. A los 52 ya estoy grande para hacer algunas cosas, pero muy joven todavía para otras. Quiero concentrarme en esas que aún me faltan por hacer , seguir disfrutando cada instante y ser luz en la oscuridad de muchos dolientes.

Agradezco a mis lectores, gracias a ustedes Cómo curar un Corazón roto está ya en su reimpresión número 20, Viajar por la vida y Elige no tener miedo en su 4a. y La niña a la que se le vino el mundo encima los rebasa con su 5a. reimpresión. Me siento muy bendecida, quiero que sigan viendo el mundo a partir de mis ojos y mi pluma, que mi voz en el radio y la televisión los acompañe en momentos difíciles y que las enseñanzas de la tanatología sean nuestro escudo en contra de la adversidades.

Hoy que es mi cumpleaños y aún enferma, reitero mi Sí a la vida, mis ganas y mi compromiso. Y volteo al cielo donde sé que algunos me felicitan también aunque ya no pueda recibir sus llamadas.

La vida se celebra, gracias por hacerlo a mi lado. IMG_1076

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Ser niña

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La Navidad tiene este efecto en mí; vuelvo a ser niña. Me lleno de ilusiones, me sorprendo con los regalos y demostraciones de afecto, hago propósitos, agradezco y no puedo dejar de sonreír ante las luces y hermosos adornos navideños.

Es sin duda ésta mi época más feliz del año. Lo es a pesar de: que no tengo ya a toda mi familia de origen con quien celebrarla, de que mi mamy ya no puede acompañarme donde yo vaya, que no todos comparten este espíritu conmigo y a pesar de que mi país padece tantos azotes e infortunios.

Entonces recuerdo que los niños no se preocupan por todas estas cosas, viven el momento y dejan sentir la alegría sin ponerle tantas restricciones y condicionantes a su felicidad. Abren su corazón y le permiten latir con fuerza. Eso haré yo este año.

Cierro un 2017 con amigos nuevos, grandes amigos que se han sumado a la alegría de presentar mis libros, grandes cómplices que los han leído y me han permitido tocar sus vidas. Llevo pegados en mi alma cada uno de los casos, las historias y el dolor de mis pacientes.  Necesito decirles que me han cambiado, que me han hecho más profunda, más empática y más sensible.

Quiero que sepan que por ustedes he entendido porque no tenía que estar aquí en mi País cuando el sismo de Septiembre; debía de no haberlo vivido en carne propia para no contaminar con mi experiencia lo que ustedes habrían de contarme. Era a través de sus ojos que yo tenía que mirar ese suceso.

No fue la sacudida de la tierra la que cambió mi vida; fueron ustedes. Gracias por ello y prometo que con todo ese estambre de colores que me han confiado; recuerdos y escenas cargadas de emotividad, habré de tejer una cesta apretada que nos contenga a todos con cariño y esperanza.

El otro día pasé por Calzada de Tlalpan de regreso de grabar un programa de radio; había un edificio muy, muy dañado acordonado y en su base a tan solo unos metros tiendas de campaña habitadas por algunos de sus antiguos propietarios que no tienen a donde ir. Viven ahí contemplando las ruinas de lo que fue su hogar y a la vez cohabitan con la burocracia y los  tiempos eternos de las autoridades para reparar el daño. Estaba haciendo mucho frío y yo traía unos suéteres en el coche. Me estacioné un momento y bajé para ver si podían servirle a alguien. Ahí dentro de uno de esas tienditas de campaña carentes de casi todo, había un arbolito de navidad adornado con esferas y foquitos que colgaban de un cable conectado a la luz de la calle. Me quedé sin palabras. Eso es grandeza. Eso es espíritu navideño y no bromas.

Por eso y por ellos no pierdo ni perderé mi cara de niña, mis esperanzas, mis ilusiones que me toca compartirles, porque pienso y seguiré pensando que las personas somos más grandes que cualquier desgracia.

Feliz Navidad , que haya Paz y Bien en todos sus hogares y que se renueve en el corazón de cada uno de ustedes la ilusión de estas fechas cuyo verdadero significado es el amor.

 

¿Susto o miedo?

IMG_0920Hace unas semanas la tierra tembló, sacudió todo con tremenda fuerza y nos cambió la vida. A unos por que perdieron a sus seres queridos, a otros porque perdieron sus casas o la seguridad de vivir tranquilos en ellas. A otros más, porque se nos recordó de forma brusca la fragilidad humana y nuestra muerte eventual.

Hoy hay que retomar la calma y la rutina. Recoger los pedazos de nuestra actividad diaria y seguir adelante. El precio de no hacerlo es muy alto; se llama depresión.

Todos experimentamos un susto enorme. Éste pasa, si lo dejas pasar. Si lo alimentas diario y lo prolongas con angustia anticipadora e hipervigilancia, entonces se vuelve una actitud. Se vuelve miedo. Ahí es donde entra tu poder de decisión, la capacidad que todos tenemos de decidir si lo que hemos vivido nos va a destruir o por el contrario, a construir en una mejor persona. Mucho cuidado con creer que el temblor pasó para eso, pasó para que la tierra se acomodara, para que las placas liberaran tensión y la energía se abriera espacio. No pasó para darnos una lección. Sinceramente creo que Dios no tiene esos métodos didácticos.

Pero ya que queremos encontrarle aprendizaje y crecimiento pregúntense:

¿Por qué me asusté tanto? ¿Por qué me decepcioné de algunos que no reaccionaron como yo hubiera querido o necesitado? ¿Por qué me da tanto miedo morir?

Tal vez la respuesta esté en función de no querer que esta vida se acabe, pues la estamos pasando muy bien o por el contrario; negociar un plazo más largo para ver si ahora sí logramos ser felices. Sea cual sea la razón, no hay tiempo que perder. Pongámonos de pie, reactivemos economía y planes a corto y mediano plazo. Vivamos, porque justo eso hay que hacer antes de morir, vivir.

Es tal vez el momento de crecer, de ser autodependientes y suficiente para cubrir nuestras necesidades. Puede ser que sea el momento ideal para transformar el miedo en fe o en proyecto de vida. Encontrar una misión y un sentido que nos motive y guíe. No creo que la opción sea la depresión o la no acción que es siempre la respuesta del miedo. Un país paralizado es presa fácil y los mexicanos tenemos una historia de resistencia y resiliencia. Hagamos honor a ella y volvamos a sonreír que a nadie le faltamos el respeto  con nuestra alegría. Al contrario, esa es la manera desde nosotros estar bien para poder inspirar y ayudar a otros.

Les mando un fuerte abrazo a todos y cada uno de ustedes, no dejo pasar la oportunidad de decirles que los quiero y que son importantes para mí. Los lectores le dan sentido a lo que uno hace como escritor y los amigos le dan razón a uno para siempre seguir adelante.

GRACIAS OSCURIDAD

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¿En qué momento de la vida perdemos la capacidad de sorprendernos? ¿Cuando dejamos de ser lo suficientemente niños para maravillarnos con algo y sin tratar de entender cómo sucede, simplemente lo disfrutamos?

Nanacamilpa me demostró que no he perdido esa capacidad. En ese municipio de Tlaxcala, México existe aún un bosque encantado. Sí ,así como lo oyen, está habitado por hadas que vuelan e iluminan la noche con sus destellos de luz. Se llaman luciérnagas y viven por millones esperando que caiga la noche para comenzar una danza de parpadeos y seducción.

Buscando un fin de semana diferente decidí acudir con uno de mis hijos a conocer ese lugar ; son de esas cosas que te platican y suenan muy bien pero sabes que tienes que vivirlas para entender a plenitud de lo que te hablan. Ni las cámaras, ni los celulares, ni nada que tenga que ver con tecnología puede  retratar  fielmente lo que se siente.  Se  pone la piel chinita cuando al esperar pacientemente y en silencio en el bosque, de pronto comienzas a ver tímidas luces que parecieran pedir permiso para brillar, para existir, para abrirse un espacio en el sobrepoblado mundo.

Arriba en el bosque todo era silencio y respeto, cuando bajas por un café para calmar el frío y regresar el alma a su lugar, entonces comienzan los comentarios y las risas pero algo muy profundo en tu interior fue tocado. Como si los árboles y sus habitantes te hubieran dado permiso de visitarlos y ser testigo de sus maravillas única y exclusivamente con la finalidad de que entendieras. Te permiten pasar para que transmitas un mensaje de no invasión. Buscan convencerte que en este planeta hay lugar para todos sin que queramos conquistar a otros, aplastarlos , exterminarlos o explotarlos a nuestro favor. Todos cabemos con amor y abundancia.

Así me sentí como testigo de algo sagrado, partícipe del pardear de la tarde y el comienzo de la magia. La guía, una lugareña en dominio de todas las tradiciones e historias fantásticas del lugar, nos platicó que las libélulas eligen a las personas. Saben quienes son buenos y se posan sobre ellos. Tú no puedes tocarlas, ni tratar de acercarte más de lo que ellas lo permitan. Ellas vienen a ti. Es su santuario, su casa verde y húmeda, su hábitat perfecto donde todas las noches durante un mes del año (julio) salen para recordarnos que las estrellas también saben hacer el amor.

Primero unas  cuantas esporádicamente aparecen y luego son cientos de ellas sincronizadas en un baile perfecto, en una intermitencia de encendido y apagado para ponerse todas en una misma frecuencia. Los machos vuelan y las hembras más pequeñas permanecen en las hojas de las plantas haciendo uso de toda su capacidad de seducción. Si logran que sus luces empaten, si llegan a tener un mismo ritmo, si se acoplan; entonces se entregan a la noble y dulce tarea de procrear la especie.

¡Wow! ahí es donde mi niña surge de nuevo, donde no puedo mas que maravillarme por lo sencillo y natural que resulta conseguir una pareja, amarse en libertad y seguir el ciclo de la vida. ¿Será que los seres humanos somos los únicos en la creación que batallamos para todo? Jamás he visto un botón de rosa que haga esfuerzos para abrir sus pétalos, ni un pájaro tomando lecciones interminables de vuelo para poder desprenderse del suelo. Todo fluye, sin tanto esfuerzo y de manera natural. La naturaleza entiende que su destino es la alegría y el contento de ser y estar. Nosotros a veces no.

Ese ecosistema se convierte en arbolito de navidad, con una  gran serie de foquitos. Cientos  de ellos encendiendo y apagando, cantando alegría y esperanza.  Perfectamente orquestados dan brillo al momento, una sinfonía de vida. Y todo gracias a la noche, a la oscuridad; la que muchas veces maldecimos. Es ella la que me permite valorar la luz. Igual que en nuestras vidas, cuando los tránsitos oscuros del alma hacen apreciar más que nunca el brillo de la familia y los amigos.

Por esa noche los astros no estuvieron en el cielo, bajaron a las plantas, muy por debajo de la punta de las coníferas reinas de ese lugar. Llegaron a alcanzarnos. Y en ese momento mágico, una de ellas se paró sobre mi brazo. Bendita oscuridad.

El cielo de Auschwitz también es azul

Hace poco tuve la fortuna de realizar uno de mis grandes sueños; el poder aprender más acerca de la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto y los campos de concentración. Todos me conocen como Tanatóloga y escritora pero también soy Logoterapeuta y maestra de esta hermosa ciencia de actitud hace muchos años.

Viktor E. Frankl ha sido fuente de inspiración para mí y a través de mis palabras, también para mis pacientes. Pienso en la pérdida como el muy personal campo de concentración de cada uno de mis usuarios y busco le digan siempre Sí a la vida bajo cualquier circunstancia.

Visitar Auschwitz debe hacerse con absoluto respeto, casi, casi descalza en señal de que estamos pisando tierra de dolor ajeno. Impacta ver como algunos deciden tomarse la selfie, o posar en espacios que solo deberían de llevarnos a la reflexión y cambio.

Toda la historia antes estudiada para mí se quedó corta, una sola habitación llena de cabello, zapatos y utensilios de cocina fue suficiente para entender como nunca antes, que atrás de cada uniforme de rayas hay una biografía personal que no puede agruparse en un credo religioso, una preferencia sexual o unos hábitos de vida. La unicidad del ser humano no puede ser abolida quitándoles a las personas sus zapatos y poniéndolos a probar botas de guerra en terrenos rudos por horas. Cada pie, es una huella. Hoy inscrita en mi alma con un conocimiento más puntual de los hechos y también de los sucesos en la vida de tantas y tantas familias.

Me sorprendió el cielo azul de Polonia, una belleza. Un regalo de la naturaleza, bálsamo seguramente para quien salía forzado a trabajar pero podía aunque fuera por segundos contemplarlo. Un cielo así es una promesa, de una vida mejor. Más elevada y espiritual. Alejada de la crueldad y locura de los hombres, de su sed de poder y su miedo a las diferencias entre hermanos.
Hoy los alemanes quieren no olvidar la historia, reconocerse dolientes también por un pasado que los marca pero que entiendo, no están dispuestos a repetir ni dejar borrar en la memoria del mundo; porque eso estaría poniéndonos en posición de volver a cometer los mismos errores.

Prometo, porque así debe ser, que este privilegio de estudiar insitum uno de los peores capítulos de la humanidad o deshumanidad ,hará de mí una persona más abierta, incluyente. Sin juicios a priori sobre alguien, que no sienta miedo por las diferencias en pensamiento, apariencia o conducta de otros. Tengo mucho trabajo por hacer en mí y en los que tenga la fortuna de tocar sus vidas.  Por que todos decimos que no discriminamos pero hacemos comentarios ofensivos sin darnos cuenta, porque cambiamos de acera al caminar cuando a nuestro encuentro vienen personas “raras” , cuando elegimos un asiento en el transporte público en función de quien está sentado a nuestro lado. Nadie tiene la verdad absoluta, todos tenemos derecho a un pedacito de ella y a nuestra búsqueda de la felicidad.

Visitar un campo de concentración no es para ver los lugares, como bien me lo probó una joven ciega que acudió en mi grupo, es para sentirse. Para vibrar la historia desde el corazón y la razón porque los sentidos nos quedan cortos para dimensionar la pérdida y la devastación. Solo el alma nos sirve para honrar la dignidad intrínseca del ser humano, la que no le puede ser arrebatada bajo ninguna circunstancia.

Les comparto mi visión, mis ojos a través de imágenes. Lo que vi, lo que me cambio, lo que sentí y lo que habré de aplicar en mi vida profesional y personal de ahora en adelante. Si con esto puedo hacer que un poco del dolor de tantos millones de familias no haya sido en vano, que así sea. Vivirán en mí, ahora con rostro, como motivación y fuerza.

México, luchemos mucho por recuperar nuestro cielo azul. Uno que se pose por encima de nuestras cabezas pero también  otro que se extienda dentro de nuestros pulmones para que sea el aliento de fe y resistencia que exhalemos en nuestras familias y hogares.

No estaba contemplado…

¡Cómo nos gusta hacer planes! Pareciera que disfrutamos desafiando al destino con viajes, entradas para conciertos y deseos a largo plazo. Todo puede cambiar en un instante para bien o para mejor. Sin duda las mejores cosas de la vida suceden, llegan y te cambian no solo el rumbo sino el alma.

Soy inquieta y ustedes lo saben. No acabo de concretar un sueño cuando ya estoy amasando otro y en esta ocasión sí me volé la barda. 

Recientemente presenté mi libro La niña a la que se le vino el mundo encima, una fábula tanatológica que en forma de novela corta nos deja ver todas las grandes enseñanzas de la tanatología. Como es un cuento largo yo quería que el Rey de los cuentos me diera su opinión sobre él. ¿Valía la pena parirlo al mundo? ¿Aportaría yo algo? Así fue que en su inmensa generosidad el Dr. jorge Bucay no sólo leyó mi historia, me regaló su opinión para solapas y cuarta de forros, lo presentó frente a un auditorio de 600 personas las cuales tocó una a una sin dejar igual a nadie. Todos crecimos, fue una noche mágica. 

“Es un cuento que lo lees en una noche y lo recuerdas toda una vida” me dijo. 

Morí de amor desde luego. No he dejado de sonreír desde entonces y me sentí tan poderosa y capaz de todo que me abrí a la posibilidad de volver a tener un perro. Ustedes no están para saberlo y yo sí para contarles que tuve por 11 años al mejor perro de todos. Mi Guetti amada creció con mis hijos ( de hecho era la más obediente de ellos). Sólo le faltaba hablar y que bueno que nunca lo hizo, eso la volvió más sabia. 

Guetti murió de cáncer, tuvimos que dormirla porque ya sufría mucho y nadie tan peludo, fiel y hermoso merece sufrir de esa manera. Dolió y duele por eso uno acuartela el alma y toma la decisión de no más perros. Pero cuando Jorge me dijo que sí a la presentación de mi libro, era irremediable que yo bajara todas mis defensas y decidiera darles de nuevo una mascota a mis hijos y a mi niña interior. 

Hasta ahí lo planeado. Lo que no lo estaba era el tamaño del perro, la raza y que una maravillosa cachorrita de ojos soñadores me robara el corazón. 

Así es que amigos, dejen que la vida los sorprenda. Permitan que los toque con sus mil trucos y no se pongan pretextos ni argumentos lógicos para convencerse de no poder realizar sus sueños. Sé que un perro; un San Bernardo, necesita mucho espacio pero confío en que necesita más atención y amor y la mía de eso tiene de sobra. 

Les presento a Lara, lo no contemplado en mi plan de vida. Hoy 13 kilos de alegría infinita. Gracias Dr. Jorge Bucay , mi amigo querido, por darme este valor. 

Sé tu propio “Valentín”

Mañana es 14 de febrero, crisis emocional para más de uno. Depresión y tristeza porque no hay un alguien significativo que te regale una flor (carísimas en estos días por cierto) te de una tarjeta o te invite al cine. Si éste es tu caso, no te desesperes. Todo llega en la vida en su momento y de la forma que debe ser , no cuando nosotros queremos apurar el tiempo. Te propongo que este día de San Valentín seas tu propio objeto de amor, te regales algo, te trates bonito frente al espejo y te hagas una promesa importante: Vas a saber quién eres, qué mereces y no te vas a conformar con menos. Si puedes ponerlo por escrito en una tarjeta hermosa, hazlo. Ya basta que siempre los mejores papeles, la mejor envoltura y la mejor sonrisa la guardemos para otros. Nosotros somos la persona más importante en nuestras vidas. Tan es así , que sin nosotros, ésta no es posible.

Dedícate a ser la persona que quieres que llegue a tu vida. Es decir, si quieres un deportista por novio, haz deporte tú. Si esperas que tu pareja sea sana, sin vicios ni excesos no los cometas tú. Sé congruente y no esperes en tu casa a que el príncipe azul o la princesa de la zapatilla de cristal lleguen a tocar a tu puerta. Déjate ver por el mundo, toma alguna clase nueva, asiste a eventos y hazlo con una sonrisa. Con una actitud no de búsqueda o cacería, sino de aceptación a la vida y felicidad. Ésta última es una cualidad muy atrayente.

Por cierto si quieres un evento te participo que el domingo 26 de febrero a las 6 pm estaré presentando mi Libro La niña a la que se le vino el mundo encima Ed. Diana en el marco de la FIL Minería en el centro CDMX.

Me encantará verte por ahí y dedicarte éste nuevo libro con  el que  muchos se sentirán identificados. Es un relato lleno de magia, aprendizajes  y finalmente, una muy hermosa historia de amor.

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