La vida son dos minutos

No puedo creer que ya estamos en noviembre. Dentro de unas semanas más estaremos decorando la casa de Navidad y en un abrir y cerrar de ojos, el 2019 ya estará aquí.

Para un niño las cosas son distintas. Si tú le preguntarás ahora que le va a pedir a Santa Claus, te diría que no sabe, que falta mucho. Se les hace eterna la llegada del fin de semana o la emoción de Reyes Magos, pero para los adultos la vida tiene otro tiempo. Son dos minutos decía mi padre y lo decía muy bien.

El tema es: qué hacer con el recurso más escaso y preciado que tenemos; el tiempo.

Parece escurrírsenos entre los dedos y con este nuevo horario peor. La noche se nos viene encima muy pronto. Es por esto que decidí compartirles mi decálogo con el que aprovecho el tiempo, para ver si puede serles de utilidad, los inspira a elaborar uno propio o para al menos; encontrarnos en este espacio de tiempo llamado BLOG que nos ha unido ya desde hace varios años.

  1. Despiértate temprano. Eso no significa que duermas poco pero sí que optimices tu tiempo dándole valor al descanso y minutos al día para hacer muchas cosas.
  2. Que no pase un solo día sin que rías. Una carcajada ya bien valió las 24 horas  que te fueron dadas. Llena el alma, revitaliza tu rostro y tu expresión.
  3. Para cumplir el punto número 2 debes de ver a los amigos. Es de vital importancia darte el tiempo de frecuentarlos, de consentirlos y sobretodo, de escucharlos.
  4. Ten una mascota. Definitivamente ten una mascota. Entrégale tu corazón y recibe el suyo aunque venga envuelto en muchas babas y pelos.
  5. Ten proyectos. Saber adónde va uno, hace el camino más transitable. Cada día, cada acción que sea un peldaño que te acerque a aquello que quieres conseguir.
  6. Estos puntos no son propósitos de año nuevo por lo que no escribiré “haz ejercicio”. Pero sí mantente activo, muévete, camina, siente y ama. Puros verbos de acción.
  7. Lee un poco cada día. Recorre las páginas de un buen libro que te saquen del mundo pequeñito en el que solemos encerrarnos y te abran todas las posibilidades del universo.
  8. Viaja, sin duda una de las mejores cosas de la vida. Pon tu cara de viaje, tu actitud afable y  toma una maletita y lánzate a conocer el mundo. Sus rincones, nuestros pueblos mágicos. Viaja porque el dinero se recupera pero el tiempo no.
  9. Dales un beso de buenas noches a todos los que viven contigo antes de irte a la cama. Aunque estés enojado, aunque se hayan portado mal o lo que sea, pero bésalos. Nunca habrás depositado suficientes besos en tu cuenta de la memoria.
  10. Y finalmente vive. Con intensidad, con alegría porque eso es lo que decía William Shakespeare que teníamos que hacer antes de morir: Vivir.

Gracias por estar en mi vida lectores, por su cariño y apoyo incondicional. Que el 2019 nos reuna muchas veces y lo hagamos con salud y buen humor.

Paz y bien

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10,000 ft de altura

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Cuando va uno en un vuelo, el despegue es movidito y luego el ascenso presenta varias turbulencias hasta que el capitán anuncia:” hemos alcanzado los 10,000 pies” y entonces todo cambia. El trayecto se da de una manera más fluida; sin sobresaltos, sin nubes como topes del asfalto celeste. Qué a gusto se está a esa altura donde casi, casi puede uno olvidar que está volando.

Considero que la vida se parece mucho a esta experiencia. Por temporadas enteras navegamos por encima de los problemas, hasta decimos frases como “ hace mucho que no se muere nadie de la familia” o “qué en paz hemos estado últimamente”. Ya sé que lo decimos con miedo, como en voz bajita para que el destino no se de cuenta que estamos ahí. Queremos pasar desapercibidos de las tragedias y dolores. Acompañamos a quienes sufren pero desde una trinchera  donde pensamos en ellos  como “ pobrecitos”,  pero que bueno que a nosotros no nos pasó nada.

Irremediablemente todo lo que sube debe de bajar y el avión vuelve a descender para poder aterrizar. De nuevo cruzamos la línea de los 10,000 ft. y todo se vuelve complicado hasta que un rebote te hace darte cuenta que finalmente  estás en tierra.

La vida, este fascinante movimiento perpetuo lleno de subidas y bajadas,  hay que aprenderla a vivir. Nada de creer en aquel mito de que si uno era bueno en la vida le iba a ir bien. A los buenos les pasan cosas buenas pero a los malos también. Debemos de saber estar arriba y disfrutarlo entendiendo que no durará para siempre y luego aguantar las bolsas de aire sabiendo que tampoco serán permanentes. Todo pasa, de hecho lo único bueno de lo malo es que pasa. El chiste está en saber mantener un equilibrio entre optimismo y realidad, una postura agradecida para los buenos momentos y de fuerza y resiliencia para la parte más complicada.

La Tanatología nos ayuda como herramienta de vida porque es la teoría de la esperanza. Es la que te recuerda que hay luz al final del túnel y que lo que viene conviene aunque  no lo hayas  planeado así.

Sé que resulta muy complicado soltarnos y ser buenos pasajeros, seguro que algunos de ustedes van frenando con su pie en el suelo en un intento desesperado por tener el control de la situación. Sin embargo, la vida a veces nos pide soltar, dejar ir y nos pone muchas oportunidades para aprenderlo. Las cosas no pasan literalmente para que aprendas, pero ya que pasaron podemos extraer significado de ellas y crecer a partir de eso.

Deseo para ustedes un vuelo alto, que si no lo han hecho todavía, crucen la barrera de los 10,000 ft y disfruten el trayecto. Saben que ahí estaré cercana, cuando sea hora de bajar.

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Una piedra en el camino…

Las vacaciones son un derecho de los trabajadores; una necesidad para el alma y un respiro para el corazón. También son una pedrada en la cabeza y les cuento por qué.

Este verano quise hacer algo diferente y fui con la familia a escalar una montaña. Antes de poder tomarme unos días libres, la carga de trabajo era irreal y, como ustedes sabrán, la chamba de una tanatóloga lleva implícita una gran carga de estrés y corazón apachurrado. Por las noches me costaba dejar de pensar en los casos que tenía y sus posibles caminos para encontrar paz. Mi esposo describió lo que me ocurría como si en mi cabeza habitara un hámster que no dejaba de dar vueltas en su rueda. ¿Qué? ¿Este ratón necesita un trancazo para estarse quieto?, me preguntó un día desesperado. Concedido.

En plena vacación y con todo el ánimo de llegar a la cima cruzamos una callecita de entrada a la montaña. De pronto sentí un agudo golpe en la cabeza y el sonido de una piedra que caía al suelo. “¡Me aventaron una piedra!”, grité. Mi familia no me creyó; debía de haberse caído una piedra de algún lado, no había sido intencional, nadie vio nada.

Me sobé la cabeza y continué el camino. La vista era espectacular, casi equiparable al esfuerzo que yo hacía por seguirles el paso a todos y no defraudarlos. Ahí estaba mi cuerpo cobrándome el peaje por las muchas horas de estar sentada en mi sillón dando consulta, las faltas al gimnasio y mi carente disciplina aeróbica. Pero hay ocasiones en que la voluntad te hace andar más rápido que tus piernas y yo no iba a fallarle a mis hijos.

¡Lo logramos! Llegamos a la cima y la sensación fue maravillosa. Nos abrazamos, tomamos fotos y disfrutamos de la cumbre unos momentos.

Había que emprender el regreso y a uno se le olvida que los mismos metros andados de subida hay que recorrerlos en bajada. Con cuidado, paso a pasito y tomada de la mano de mi esposo, volví a pisar tierra firme. No les puedo describir la felicidad que sentía, la satisfacción del deber cumplido y el orgullo de que mi edad no me hubiera jugado una trastada.

Caminamos por la calle de salida cuando de pronto…¡ZAZ!, otra pedrada, pero esta vez todos la vieron. Era más grande y volvió a aterrizar directo en mi cabeza. La verdad sí lloré, no sólo por el golpe, sino por lo rápido que la vida me había arrancado mi sonrisa plena de satisfacción. ¿Por qué?, me preguntaba yo como todos ustedes se han preguntado cuando les pasa algo “malo”. ¿Por qué yo y por qué dos veces?

Hechas las averiguaciones y ante la indignación de mis cuatro hombres (ahora sí, ¿verdad?) se levantó una queja, se notificó a la policía y todos se compadecieron de mí, no sin dejar de alabar el excelente tino del tirador que me me había dado dos veces, ida y vuelta, con impecable exactitud.

En eso se voltea mi esposo y me dice: ¿Ahora sí ya se aplacó el hámster? La risa fue inevitable y les prometo que estuve como sedita y sin estrés el resto de la vacación.

Sirva esta anécdota para pedirles, advertirles, rogarles y exhortarlos a que calmen un poco sus pensamientos. Metan en cintura al estrés y a la preocupación que de nada sirven, y se apliquen a vivir la vida y disfrutarla. No todos necesitamos de una piedra en el camino para atesorar el aquí y el ahora donde todo está bien.

Yo ya lo aprendí.

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Merengues y cantinas

Cuando yo tenía 18 años y acababa de entrar a la universidad, acordé con una amiga irnos de mochila a Europa. En aquel entonces no existía el llamado Eurotrip que ahora es tan común. Viaje que financian y en su mayoría organizan los padres para que sus hijos celebren (y miren que lo hacen), el haber terminado la preparatoria.

Nosotras comenzamos a idear todo, el itinerario con escalas constantes en Madrid donde yo tenía a mi familia paterna para asegurarnos de comer bien y luego volver a la aventura. Faltaba conseguir el backpack y afinar detalles entre los cuales estaba notificarle a mi mamá.

Eso no fue tan sencillo, mucho más equiparable a una revolución que a una notificación. Me lo prohibió, me amenazó con todo lo amenazable; no me daría un solo peso, me sacaría de la universidad, y ya no podría regresar a casa.

Ella estaba asustada, muy asustada y los padres a veces cometemos esa gran agresión que es la sobreprotección pero también ejercemos algo que es muy válido  y que son los límites; hoy lo entiendo.

Hablé con mi amiga y al exponerle el caso me dijo -“¿Y entonces?”

-“Entonces nada, tendremos que trabajar para juntar el dinero pues no me van a dar nada.”

-“Con lo que me de mi papá viajamos las dos” , me dijo.

Y aunque  se lo agradecí mucho, eso le quitaba algo del  chiste a las cosas. Yo debía de ganarme ese paseo no con el  solo mérito de haber terminado la prepa y entrado a la universidad, que más lo veía yo como una consecuencia lógica al esfuerzo de mi madre por pagar mis estudios y mi obligación ante la preparación que debía adquirir para enfrentar una vida laboral. Debía de ganármelo al más puro estilo conocido como  con el sudor de tu frente.

Hicimos de todo; ventas de garage, rifas y también por qué no, vendimos merengues en cantinas. Se van a reír dos horas imaginando a gabytanatologa que ya medía el metro con cincuenta y tres centímetros que hoy poseo, con su canastita ofreciendo merengues en el lugar donde menos se consume azúcar (en esa presentación al menos) del mundo.

Pues fueron un éxito. No se si les hacíamos gracia o les dábamos ternura pero nos fuimos a Europa.

Mi mamá no tuvo más que rendirse ante mi esfuerzo y árduo trabajo. La última noche antes de partir, se sentó a los pies de mi cama y me dijo que podía volver a casa, que seguiría en la universidad y que me amaba ( cosa que yo ya sabía). Me regaló también cien dólares y me dio su bendición.

Ese viaje fue uno de los mejores de mi vida, en efecto pasé hambres con mi poco presupuesto pero aprendí y crecí como no se imaginan.  Comer solo una crepa de azúcar al día no le quita a Paris su hermosura ( al menos no cuando se tiene esa edad). Inclusive regresé bien gordita a pesar de todo, pues las escalas en casa de mi abuela y su paella fueron gasolina de la mejor clase; puro aceite de oliva.

Hoy lo recuerdo con alegría y les comparto esta anécdota pues empiezo a ver algunos jóvenes con  pocas ganas de luchar por sus sueños; se detienen ante  el primer  obstáculo. Hoy la  tendencia es a permanecer cómodos, inmutables ,sin proyecto de vida ni energía para salir a buscarlo. Al no esperan algo de la vida creen que así lograrán defenderse del desencanto y  la decepción.  También ellos están asustados.

Un gran sillón y la pantalla plana frente a sus ojos son una barrera entre su sed de crecer e independencia y  las ganas de levantarse y hacerse de los medios para lograrlo.

Espero sinceramente que esta anécdota en mi vida sea una semilla que  germine en muchos las ganas de fabricarse una buena vida llena de sueños. Ellos ahí están,no los han abandonado,  solo que ustedes ya no los recuerdan.

Cantinas hay muchas y siempre habrá merengues por vender.

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Gracias por las amigas que comen pan

 

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Hoy en día todo es light: los postres, los refrescos, la comida y también las amistades. Socializas, sales y te diviertes, pero no tocas temas profundos ni entras en controversia sobre algún asunto. Parece que la consigna es ser ligeros. Todo está bien, cada quién lo suyo y viva la paz.

Sin embargo sigue habiendo una rara especie en peligro de extinción que son las amigas que comen pan.

Es un clásico salir a comer con las amigas, arreglarte para ellas como ni siquiera a veces lo haces para un galán. Vas con todo el ánimo de pasarla bien y disfrutar pero te topas con que una está a dieta, la otra ya no toma alcohol, una tercera es alérgica al gluten y tú te sientes como bicho raro porque comes todo, lo disfrutas y encima tienes la osadía de atacar la canastita de pan que ponen al centro de la mesa.

Pecado total; el pan engorda, infla, es adictivo y todo lo que tú quieras pero es, ha sido y será el alimento del hombre.

Esa rara especie de la que les hablaba son las amigas que probablemente se cuidaron toda la semana pero que cuando salen contigo disfrutan de lo que es producto de la tierra y trabajo del hombre. Con ellas se  habla de temas importantes, te preguntan realmente cómo estás y no lo asumen. Toman tiempos para hablar pero también para escuchar, lloran contigo pero saben en su momento decirte que eso no es para tanto. Confían en ti, en tu fuerza y disfrutan tu alegría y ocurrencias. En ocasiones extremas hasta untan mantequilla a ese pan en un mensaje desafiante a la vida que se aceptan y se gustan como están, que no van tras una talla inexistente y que son mujeres reales de hueso y mucha carne.

Son amigas de tiempo, sinceras, leales en las buenas y en las malas. Positivas y echadas para adelante, valientes y vibrantes. Te respetan si no comes postre pero el pan es el pan.

Yo no puedo imaginar mi vida sin esas amigas, que creo, son  la manera de Dios de disculparse por la familia que te dio o no te dio. Son hermanas escogidas, elegidas por el alma y que te hacen reír.

Gracias de todo corazón a las buenas amigas que tengo en la vida, las que tuve y hoy ya no están pero de las que también aprendí mucho. A las que vendrán y traerán consigo nuevas experiencias y aprendizajes y gracias sobretodo por las que tengo desde que aprendí mis primeras palabras, aquellas que sabían cuales eran mis sueños y hoy se entusiasman conmigo al verlos materializarse.

Fortuna es tal vez tener dinero y bienes materiales pero ser millonaria es contar con esas presencias incondicionales y tan dispuestas a encontrarle el lado de luz a la vida. Las que te sacan de tu sombra, las que te hacen visitar la “isla de las bobadas”, las que te rejuvenecen. Y muy especialmente aquellas  que como tú,  comen pan.

 

He oído de tus libros

Es un enorme privilegio trabajar para tratar de mitigar y dar un sentido al dolor de las personas. Me siento muy bendecida al cumplir  19 años de ejercicio profesional como tanatóloga.

No hay un solo día aburrido o rutinario en mi vida; cada familia, cada usuario es un caso distinto y único. No dejo de sorprenderme, para bien con la fortaleza y resistencia de las personas y para mal con el nivel de violencia, impunidad o poca salud mental  de la que sufren algunos.

Con lo que sí de plano no me siento cómoda, es con los dolientes que quieren que se les resuelva el tema del duelo por ellos. “Ayúdame a ayudarte” me dan ganas de decirles pues de verdad que un proceso de duelo es un trabajo por realizar y no un mero trámite burocrático de vida al que pudiera mandarse a otra persona a hacerlo en lugar de uno mismo.  Tu dolor es tuyo, enfréntate a él y yo, con mucho gusto te acompaño en el camino.

“¿Cuanto dura el duelo por la muerte de un hermano?” me preguntó el otro día un paciente. Sin ser aficionada a las recetas de cocina emocional, me aventuré a decirle que alrededor de un año el proceso más difícil. “¿Es lo menos?” Me preguntó de vuelta. ¡Me estaba regateando!

Así como en la comida Fast food, queremos hoy duelos de microondas y soluciones express. Una pastilla mágica o la varita que nos ayude a deshacernos de la incómoda sensación de sufrir. Hemos perdido  la paciencia para extraer significado de nuestras vivencias, no queremos lecciones buscamos satisfacciones.

Alguien que está roto solo puede dar pedazos. Sanar toma tiempo y es ir pegando uno a uno  los pedazos de nuestro corazón para fortalecer el músculo y crecer a partir de lo vivido.

Todos preferirían morir dormidos, es decir, no darse cuenta. Eso es una evasión al dolor físico y no me preocupa, lo que sí me aflige es que quieran vivir la vida de la misma manera. Dormidos. Que las lecciones se les pasen de largo, sin detenerse a una reflexión o a sufrir la incomodidad de un duelo.

Dormir con alguien es incómodo, estar embarazada lo es también. Parir y extrañar a alguien ni se diga, pero benditas incomodidades que me recuerdan que estoy viva, que siento y vibro.

Ayer poniéndome al día en mis correos descubrí uno que me decía lo siguiente:

Hola. He oído hablar de tus libros. ¿Será que puedas darme un consejo para no sentirme tan mal por haber terminado mi relación con mi novio?  

Claro que le daré respuesta, pero a partir de ese mensaje se me ocurrió extender la invitación y el consejo para todo aquel que lea mi blog:

No se limiten a oír hablar de mis libros, léanlos. Todo lo que tengo que decir está plasmado junto con mi corazón en esas páginas. Lo que sé, lo que soy y lo que más deseo para ustedes puede leerse de izquierda a derecha en una hoja blanca. No busquen la receta fácil o el atajo para curar y madurar. Pasen a través del dolor y dense el permiso de detenerse a pesar de lo vertiginoso de nuestro ritmo, para leer un libro frente a una taza de te. Se pueden sorprender y descubrir porqué he nombrado a mis libros Tanatólogos de buró.

Oír hablar de las Jacarandás jamás se asemejará a la sensación de verlas. ¿Me dan una oportunidad  de tocarlos a distancia? Lean mis libros.

Cómo curar un corazón roto Ed. Diana

Elige no tener miedo Ed. Booket

Viajar por la vida Ed. Diana

La niña a la que se le vino el mundo encima Ed. Diana

Disponibles en librerías, iBook, Kindle y Googleplay. Amazon y Audible.com jacarandas

Una vida dulce sin azúcar

Tener un blog es muy parecido a trabajar en un Table Dance. Uno se quita la ropa.

Se desnuda ante los lectores porque se vuelve un espacio tan íntimo y tan personal que no queda opción más que  ser uno mismo.  Piensas algo, lo pones. Tomas una decisión, la compartes y así pronto quienes te leen, te conocen más que tus propios amigos que válgase la ironía; no te siguen en redes ni leen lo que escribes.

Hace tres meses dejé el azúcar refinada. La dejé por completo, ni catsup le pongo a mis papas  para que me entiendan.

No fue una recomendación médica ni una imposición de nadie. Decidí después de mucho leer e investigar que realmente el azúcar hace daño. Que es como el diablo que se disfraza y llega a ti vestido de tentación y placer pero que realmente trae consigo una agenda muy dañina.

No se los dije antes porque no era un propósito de año nuevo ni algo que yo estuviera segura de poder cumplir. Lo hice porque quería probarme a mi misma que puedo mantenerme firme en algo que realmente me cueste trabajo. Algunos de ustedes me consideran valiente por hablar en una conferencia frente a 8000 personas; eso se me da. Otros creen que hay gran mérito en que haya escrito  y publicado 4 libros pero eso es más una necesidad en mí que un oficio. Es mi manera de hablarle al mundo, de agradecer y orar por cambios. Las letras son como otra piel que no puedo ni he intentado nunca descoserme. Pero dejar de comer o consumir algo que me gusta eso sí ganaría mi propio respeto. Por eso tomé la decisión de sacar a los azúcares de mi vida.

Claro que fui a partir Rosca de Reyes pero no me la comí, por supuesto que fue mi cumpleaños y me dieron muchos pasteles y dulces regalos que agradecí en el alma pero compartí con mi familia y amigos. Me mantengo firme en algo que no es un sacrificio, es una decisión y así todo es más sencillo de realizar.

Me respeto por lo que estoy haciendo, no es una dieta, es congruencia. Y extiendo la invitación para quien esté listo y dispuesto a parar de hacer algo que lo esté dañando. Manden una señal clara al universo que se quieren, que valoran su salud y que desean conservarla.

No buscamos ser perfectos pero felices sí y respetarnos y sabernos gobernadores de nuestras acciones nos pone en un mucho mejor sitio para presenciar el espectáculo de la vida y participar de él.

Deseo lograr mi meta, no he flaqueado y tal vez y solo tal vez, a esta determinación se le sume el ahora sí hacer ejercicio de manera constante. Estoy buscando ser mi mejor versión y que cuando llegue mi momento de rendir cuentas cuando menos vean que iba en la dirección correcta aunque tal vez no haya alcanzado el destino final.

Un movimiento perpetuo, eso decía Augusto Monterroso ,escritor guatemalteco, que era la vida, un movimiento sin fin hasta que el final llega y solo quedará lo que hemos amado y la satisfacción del deber cumplido.

Hoy mi vida es muy dulce y tiene mucha sed de nuevas aventuras,  metas y viajes. Gracias siempre mis lectores, por acompañarme en cada uno de estos trayectos.

Paz y bien

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Cumplir años

El cumpleaños es una cosa grande. Siempre he disfrutado enormemente el protagonismo de un día en el que todos te dicen cosas lindas, te dan obsequios y  recibes muestras inesperadas de cariño.

Lo espero todo el año, lo planeo con tiempo y como siempre pasa, la vida acaba decidiendo por ti. Hoy me encuentro en casa, en pijamita y metida en cama con una gripe tremenda. La enfermedad es siempre un intruso, un visitante no planeado que viene a cambiarte el itinerario y llega también para enseñarte muchas cosas.

Hoy recibo de regalo de cumpleaños la certeza de que debo de cambiar un poco mi forma de trabajar, la intensidad con la que lo hago y mi inmenso sentido de responsabilidad que me lleva a no cancelar una sesión o  jamás quedarle mal a alguien aún cuando eso implique abusar de mis fuerzas o salud. Quiero que este año sea un ciclo de mayor equilibrio y aunque seguiré dando lo mejor de mí ,lo haré ya de manera más pausada y serena. ¡De todas formas no me va a dar la vida ni para leer todos los libros que quiero, ni para curar todo el dolor de país ni para darle paz a todos los que están necesitados de ella!

Así que me voy a tomar un día a la vez, cuidándome más, comiendo mejor, haciendo ejercicio y bajándole a mi nivel de auto exigencia. ¿Te suena familiar? Creo que muchos estamos cayendo en la búsqueda de la maternidad en excelencia, ser la pareja ideal, la trabajadora modelo y el número uno en todo y eso es francamente agotador. Hoy en mi reflexión de 52 primaveras pienso que se vive solo una vez y que cada día debe de contar. Hacer la diferencia en la vida de alguien, tocar vidas pero sobretodo disfrutar la tuya. Única e irrepetible. A los 52 ya estoy grande para hacer algunas cosas, pero muy joven todavía para otras. Quiero concentrarme en esas que aún me faltan por hacer , seguir disfrutando cada instante y ser luz en la oscuridad de muchos dolientes.

Agradezco a mis lectores, gracias a ustedes Cómo curar un Corazón roto está ya en su reimpresión número 20, Viajar por la vida y Elige no tener miedo en su 4a. y La niña a la que se le vino el mundo encima los rebasa con su 5a. reimpresión. Me siento muy bendecida, quiero que sigan viendo el mundo a partir de mis ojos y mi pluma, que mi voz en el radio y la televisión los acompañe en momentos difíciles y que las enseñanzas de la tanatología sean nuestro escudo en contra de la adversidades.

Hoy que es mi cumpleaños y aún enferma, reitero mi Sí a la vida, mis ganas y mi compromiso. Y volteo al cielo donde sé que algunos me felicitan también aunque ya no pueda recibir sus llamadas.

La vida se celebra, gracias por hacerlo a mi lado. IMG_1076

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Ser niña

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La Navidad tiene este efecto en mí; vuelvo a ser niña. Me lleno de ilusiones, me sorprendo con los regalos y demostraciones de afecto, hago propósitos, agradezco y no puedo dejar de sonreír ante las luces y hermosos adornos navideños.

Es sin duda ésta mi época más feliz del año. Lo es a pesar de: que no tengo ya a toda mi familia de origen con quien celebrarla, de que mi mamy ya no puede acompañarme donde yo vaya, que no todos comparten este espíritu conmigo y a pesar de que mi país padece tantos azotes e infortunios.

Entonces recuerdo que los niños no se preocupan por todas estas cosas, viven el momento y dejan sentir la alegría sin ponerle tantas restricciones y condicionantes a su felicidad. Abren su corazón y le permiten latir con fuerza. Eso haré yo este año.

Cierro un 2017 con amigos nuevos, grandes amigos que se han sumado a la alegría de presentar mis libros, grandes cómplices que los han leído y me han permitido tocar sus vidas. Llevo pegados en mi alma cada uno de los casos, las historias y el dolor de mis pacientes.  Necesito decirles que me han cambiado, que me han hecho más profunda, más empática y más sensible.

Quiero que sepan que por ustedes he entendido porque no tenía que estar aquí en mi País cuando el sismo de Septiembre; debía de no haberlo vivido en carne propia para no contaminar con mi experiencia lo que ustedes habrían de contarme. Era a través de sus ojos que yo tenía que mirar ese suceso.

No fue la sacudida de la tierra la que cambió mi vida; fueron ustedes. Gracias por ello y prometo que con todo ese estambre de colores que me han confiado; recuerdos y escenas cargadas de emotividad, habré de tejer una cesta apretada que nos contenga a todos con cariño y esperanza.

El otro día pasé por Calzada de Tlalpan de regreso de grabar un programa de radio; había un edificio muy, muy dañado acordonado y en su base a tan solo unos metros tiendas de campaña habitadas por algunos de sus antiguos propietarios que no tienen a donde ir. Viven ahí contemplando las ruinas de lo que fue su hogar y a la vez cohabitan con la burocracia y los  tiempos eternos de las autoridades para reparar el daño. Estaba haciendo mucho frío y yo traía unos suéteres en el coche. Me estacioné un momento y bajé para ver si podían servirle a alguien. Ahí dentro de uno de esas tienditas de campaña carentes de casi todo, había un arbolito de navidad adornado con esferas y foquitos que colgaban de un cable conectado a la luz de la calle. Me quedé sin palabras. Eso es grandeza. Eso es espíritu navideño y no bromas.

Por eso y por ellos no pierdo ni perderé mi cara de niña, mis esperanzas, mis ilusiones que me toca compartirles, porque pienso y seguiré pensando que las personas somos más grandes que cualquier desgracia.

Feliz Navidad , que haya Paz y Bien en todos sus hogares y que se renueve en el corazón de cada uno de ustedes la ilusión de estas fechas cuyo verdadero significado es el amor.

 

¿Susto o miedo?

IMG_0920Hace unas semanas la tierra tembló, sacudió todo con tremenda fuerza y nos cambió la vida. A unos por que perdieron a sus seres queridos, a otros porque perdieron sus casas o la seguridad de vivir tranquilos en ellas. A otros más, porque se nos recordó de forma brusca la fragilidad humana y nuestra muerte eventual.

Hoy hay que retomar la calma y la rutina. Recoger los pedazos de nuestra actividad diaria y seguir adelante. El precio de no hacerlo es muy alto; se llama depresión.

Todos experimentamos un susto enorme. Éste pasa, si lo dejas pasar. Si lo alimentas diario y lo prolongas con angustia anticipadora e hipervigilancia, entonces se vuelve una actitud. Se vuelve miedo. Ahí es donde entra tu poder de decisión, la capacidad que todos tenemos de decidir si lo que hemos vivido nos va a destruir o por el contrario, a construir en una mejor persona. Mucho cuidado con creer que el temblor pasó para eso, pasó para que la tierra se acomodara, para que las placas liberaran tensión y la energía se abriera espacio. No pasó para darnos una lección. Sinceramente creo que Dios no tiene esos métodos didácticos.

Pero ya que queremos encontrarle aprendizaje y crecimiento pregúntense:

¿Por qué me asusté tanto? ¿Por qué me decepcioné de algunos que no reaccionaron como yo hubiera querido o necesitado? ¿Por qué me da tanto miedo morir?

Tal vez la respuesta esté en función de no querer que esta vida se acabe, pues la estamos pasando muy bien o por el contrario; negociar un plazo más largo para ver si ahora sí logramos ser felices. Sea cual sea la razón, no hay tiempo que perder. Pongámonos de pie, reactivemos economía y planes a corto y mediano plazo. Vivamos, porque justo eso hay que hacer antes de morir, vivir.

Es tal vez el momento de crecer, de ser autodependientes y suficiente para cubrir nuestras necesidades. Puede ser que sea el momento ideal para transformar el miedo en fe o en proyecto de vida. Encontrar una misión y un sentido que nos motive y guíe. No creo que la opción sea la depresión o la no acción que es siempre la respuesta del miedo. Un país paralizado es presa fácil y los mexicanos tenemos una historia de resistencia y resiliencia. Hagamos honor a ella y volvamos a sonreír que a nadie le faltamos el respeto  con nuestra alegría. Al contrario, esa es la manera desde nosotros estar bien para poder inspirar y ayudar a otros.

Les mando un fuerte abrazo a todos y cada uno de ustedes, no dejo pasar la oportunidad de decirles que los quiero y que son importantes para mí. Los lectores le dan sentido a lo que uno hace como escritor y los amigos le dan razón a uno para siempre seguir adelante.