GRACIAS OSCURIDAD

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¿En qué momento de la vida perdemos la capacidad de sorprendernos? ¿Cuando dejamos de ser lo suficientemente niños para maravillarnos con algo y sin tratar de entender cómo sucede, simplemente lo disfrutamos?

Nanacamilpa me demostró que no he perdido esa capacidad. En ese municipio de Tlaxcala, México existe aún un bosque encantado. Sí ,así como lo oyen, está habitado por hadas que vuelan e iluminan la noche con sus destellos de luz. Se llaman luciérnagas y viven por millones esperando que caiga la noche para comenzar una danza de parpadeos y seducción.

Buscando un fin de semana diferente decidí acudir con uno de mis hijos a conocer ese lugar ; son de esas cosas que te platican y suenan muy bien pero sabes que tienes que vivirlas para entender a plenitud de lo que te hablan. Ni las cámaras, ni los celulares, ni nada que tenga que ver con tecnología puede  retratar  fielmente lo que se siente.  Se  pone la piel chinita cuando al esperar pacientemente y en silencio en el bosque, de pronto comienzas a ver tímidas luces que parecieran pedir permiso para brillar, para existir, para abrirse un espacio en el sobrepoblado mundo.

Arriba en el bosque todo era silencio y respeto, cuando bajas por un café para calmar el frío y regresar el alma a su lugar, entonces comienzan los comentarios y las risas pero algo muy profundo en tu interior fue tocado. Como si los árboles y sus habitantes te hubieran dado permiso de visitarlos y ser testigo de sus maravillas única y exclusivamente con la finalidad de que entendieras. Te permiten pasar para que transmitas un mensaje de no invasión. Buscan convencerte que en este planeta hay lugar para todos sin que queramos conquistar a otros, aplastarlos , exterminarlos o explotarlos a nuestro favor. Todos cabemos con amor y abundancia.

Así me sentí como testigo de algo sagrado, partícipe del pardear de la tarde y el comienzo de la magia. La guía, una lugareña en dominio de todas las tradiciones e historias fantásticas del lugar, nos platicó que las libélulas eligen a las personas. Saben quienes son buenos y se posan sobre ellos. Tú no puedes tocarlas, ni tratar de acercarte más de lo que ellas lo permitan. Ellas vienen a ti. Es su santuario, su casa verde y húmeda, su hábitat perfecto donde todas las noches durante un mes del año (julio) salen para recordarnos que las estrellas también saben hacer el amor.

Primero unas  cuantas esporádicamente aparecen y luego son cientos de ellas sincronizadas en un baile perfecto, en una intermitencia de encendido y apagado para ponerse todas en una misma frecuencia. Los machos vuelan y las hembras más pequeñas permanecen en las hojas de las plantas haciendo uso de toda su capacidad de seducción. Si logran que sus luces empaten, si llegan a tener un mismo ritmo, si se acoplan; entonces se entregan a la noble y dulce tarea de procrear la especie.

¡Wow! ahí es donde mi niña surge de nuevo, donde no puedo mas que maravillarme por lo sencillo y natural que resulta conseguir una pareja, amarse en libertad y seguir el ciclo de la vida. ¿Será que los seres humanos somos los únicos en la creación que batallamos para todo? Jamás he visto un botón de rosa que haga esfuerzos para abrir sus pétalos, ni un pájaro tomando lecciones interminables de vuelo para poder desprenderse del suelo. Todo fluye, sin tanto esfuerzo y de manera natural. La naturaleza entiende que su destino es la alegría y el contento de ser y estar. Nosotros a veces no.

Ese ecosistema se convierte en arbolito de navidad, con una  gran serie de foquitos. Cientos  de ellos encendiendo y apagando, cantando alegría y esperanza.  Perfectamente orquestados dan brillo al momento, una sinfonía de vida. Y todo gracias a la noche, a la oscuridad; la que muchas veces maldecimos. Es ella la que me permite valorar la luz. Igual que en nuestras vidas, cuando los tránsitos oscuros del alma hacen apreciar más que nunca el brillo de la familia y los amigos.

Por esa noche los astros no estuvieron en el cielo, bajaron a las plantas, muy por debajo de la punta de las coníferas reinas de ese lugar. Llegaron a alcanzarnos. Y en ese momento mágico, una de ellas se paró sobre mi brazo. Bendita oscuridad.

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El cielo de Auschwitz también es azul

Hace poco tuve la fortuna de realizar uno de mis grandes sueños; el poder aprender más acerca de la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto y los campos de concentración. Todos me conocen como Tanatóloga y escritora pero también soy Logoterapeuta y maestra de esta hermosa ciencia de actitud hace muchos años.

Viktor E. Frankl ha sido fuente de inspiración para mí y a través de mis palabras, también para mis pacientes. Pienso en la pérdida como el muy personal campo de concentración de cada uno de mis usuarios y busco le digan siempre Sí a la vida bajo cualquier circunstancia.

Visitar Auschwitz debe hacerse con absoluto respeto, casi, casi descalza en señal de que estamos pisando tierra de dolor ajeno. Impacta ver como algunos deciden tomarse la selfie, o posar en espacios que solo deberían de llevarnos a la reflexión y cambio.

Toda la historia antes estudiada para mí se quedó corta, una sola habitación llena de cabello, zapatos y utensilios de cocina fue suficiente para entender como nunca antes, que atrás de cada uniforme de rayas hay una biografía personal que no puede agruparse en un credo religioso, una preferencia sexual o unos hábitos de vida. La unicidad del ser humano no puede ser abolida quitándoles a las personas sus zapatos y poniéndolos a probar botas de guerra en terrenos rudos por horas. Cada pie, es una huella. Hoy inscrita en mi alma con un conocimiento más puntual de los hechos y también de los sucesos en la vida de tantas y tantas familias.

Me sorprendió el cielo azul de Polonia, una belleza. Un regalo de la naturaleza, bálsamo seguramente para quien salía forzado a trabajar pero podía aunque fuera por segundos contemplarlo. Un cielo así es una promesa, de una vida mejor. Más elevada y espiritual. Alejada de la crueldad y locura de los hombres, de su sed de poder y su miedo a las diferencias entre hermanos.
Hoy los alemanes quieren no olvidar la historia, reconocerse dolientes también por un pasado que los marca pero que entiendo, no están dispuestos a repetir ni dejar borrar en la memoria del mundo; porque eso estaría poniéndonos en posición de volver a cometer los mismos errores.

Prometo, porque así debe ser, que este privilegio de estudiar insitum uno de los peores capítulos de la humanidad o deshumanidad ,hará de mí una persona más abierta, incluyente. Sin juicios a priori sobre alguien, que no sienta miedo por las diferencias en pensamiento, apariencia o conducta de otros. Tengo mucho trabajo por hacer en mí y en los que tenga la fortuna de tocar sus vidas.  Por que todos decimos que no discriminamos pero hacemos comentarios ofensivos sin darnos cuenta, porque cambiamos de acera al caminar cuando a nuestro encuentro vienen personas “raras” , cuando elegimos un asiento en el transporte público en función de quien está sentado a nuestro lado. Nadie tiene la verdad absoluta, todos tenemos derecho a un pedacito de ella y a nuestra búsqueda de la felicidad.

Visitar un campo de concentración no es para ver los lugares, como bien me lo probó una joven ciega que acudió en mi grupo, es para sentirse. Para vibrar la historia desde el corazón y la razón porque los sentidos nos quedan cortos para dimensionar la pérdida y la devastación. Solo el alma nos sirve para honrar la dignidad intrínseca del ser humano, la que no le puede ser arrebatada bajo ninguna circunstancia.

Les comparto mi visión, mis ojos a través de imágenes. Lo que vi, lo que me cambio, lo que sentí y lo que habré de aplicar en mi vida profesional y personal de ahora en adelante. Si con esto puedo hacer que un poco del dolor de tantos millones de familias no haya sido en vano, que así sea. Vivirán en mí, ahora con rostro, como motivación y fuerza.

México, luchemos mucho por recuperar nuestro cielo azul. Uno que se pose por encima de nuestras cabezas pero también  otro que se extienda dentro de nuestros pulmones para que sea el aliento de fe y resistencia que exhalemos en nuestras familias y hogares.

No estaba contemplado…

¡Cómo nos gusta hacer planes! Pareciera que disfrutamos desafiando al destino con viajes, entradas para conciertos y deseos a largo plazo. Todo puede cambiar en un instante para bien o para mejor. Sin duda las mejores cosas de la vida suceden, llegan y te cambian no solo el rumbo sino el alma.

Soy inquieta y ustedes lo saben. No acabo de concretar un sueño cuando ya estoy amasando otro y en esta ocasión sí me volé la barda. 

Recientemente presenté mi libro La niña a la que se le vino el mundo encima, una fábula tanatológica que en forma de novela corta nos deja ver todas las grandes enseñanzas de la tanatología. Como es un cuento largo yo quería que el Rey de los cuentos me diera su opinión sobre él. ¿Valía la pena parirlo al mundo? ¿Aportaría yo algo? Así fue que en su inmensa generosidad el Dr. jorge Bucay no sólo leyó mi historia, me regaló su opinión para solapas y cuarta de forros, lo presentó frente a un auditorio de 600 personas las cuales tocó una a una sin dejar igual a nadie. Todos crecimos, fue una noche mágica. 

“Es un cuento que lo lees en una noche y lo recuerdas toda una vida” me dijo. 

Morí de amor desde luego. No he dejado de sonreír desde entonces y me sentí tan poderosa y capaz de todo que me abrí a la posibilidad de volver a tener un perro. Ustedes no están para saberlo y yo sí para contarles que tuve por 11 años al mejor perro de todos. Mi Guetti amada creció con mis hijos ( de hecho era la más obediente de ellos). Sólo le faltaba hablar y que bueno que nunca lo hizo, eso la volvió más sabia. 

Guetti murió de cáncer, tuvimos que dormirla porque ya sufría mucho y nadie tan peludo, fiel y hermoso merece sufrir de esa manera. Dolió y duele por eso uno acuartela el alma y toma la decisión de no más perros. Pero cuando Jorge me dijo que sí a la presentación de mi libro, era irremediable que yo bajara todas mis defensas y decidiera darles de nuevo una mascota a mis hijos y a mi niña interior. 

Hasta ahí lo planeado. Lo que no lo estaba era el tamaño del perro, la raza y que una maravillosa cachorrita de ojos soñadores me robara el corazón. 

Así es que amigos, dejen que la vida los sorprenda. Permitan que los toque con sus mil trucos y no se pongan pretextos ni argumentos lógicos para convencerse de no poder realizar sus sueños. Sé que un perro; un San Bernardo, necesita mucho espacio pero confío en que necesita más atención y amor y la mía de eso tiene de sobra. 

Les presento a Lara, lo no contemplado en mi plan de vida. Hoy 13 kilos de alegría infinita. Gracias Dr. Jorge Bucay , mi amigo querido, por darme este valor. 

Sé tu propio “Valentín”

Mañana es 14 de febrero, crisis emocional para más de uno. Depresión y tristeza porque no hay un alguien significativo que te regale una flor (carísimas en estos días por cierto) te de una tarjeta o te invite al cine. Si éste es tu caso, no te desesperes. Todo llega en la vida en su momento y de la forma que debe ser , no cuando nosotros queremos apurar el tiempo. Te propongo que este día de San Valentín seas tu propio objeto de amor, te regales algo, te trates bonito frente al espejo y te hagas una promesa importante: Vas a saber quién eres, qué mereces y no te vas a conformar con menos. Si puedes ponerlo por escrito en una tarjeta hermosa, hazlo. Ya basta que siempre los mejores papeles, la mejor envoltura y la mejor sonrisa la guardemos para otros. Nosotros somos la persona más importante en nuestras vidas. Tan es así , que sin nosotros, ésta no es posible.

Dedícate a ser la persona que quieres que llegue a tu vida. Es decir, si quieres un deportista por novio, haz deporte tú. Si esperas que tu pareja sea sana, sin vicios ni excesos no los cometas tú. Sé congruente y no esperes en tu casa a que el príncipe azul o la princesa de la zapatilla de cristal lleguen a tocar a tu puerta. Déjate ver por el mundo, toma alguna clase nueva, asiste a eventos y hazlo con una sonrisa. Con una actitud no de búsqueda o cacería, sino de aceptación a la vida y felicidad. Ésta última es una cualidad muy atrayente.

Por cierto si quieres un evento te participo que el domingo 26 de febrero a las 6 pm estaré presentando mi Libro La niña a la que se le vino el mundo encima Ed. Diana en el marco de la FIL Minería en el centro CDMX.

Me encantará verte por ahí y dedicarte éste nuevo libro con  el que  muchos se sentirán identificados. Es un relato lleno de magia, aprendizajes  y finalmente, una muy hermosa historia de amor.

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Un abrazo

Casi no puedo creer que se nos acaba el 2016, un año de muchísimo aprendizaje y crecimiento. Un extraordinario año en el que tuve la fortuna de conocer y atender muchos nuevos pacientes, hacer amigos increíbles, viajar y descubrirme más agradecida con la vida que nunca.

Sin duda desequilibré un poquito la rueda de mi vida; ésta se inclinó hacia el trabajo y perdí el poco músculo que le quedaba a mi cuerpecito. Habré de enmendar ese y otros errores pero lo que sí me queda claro es que ahora sí no tengo nada que pedirle a Dios, sólo agradecerle con toda el alma el que mi mamy siga presente, activa e incondicional en mi vida, que mi hijo mayor esté cumpliendo su sueño de estudiar una maestría , que los otros dos estén encausados en las carreras que escogieron y sean extraordinarios estudiantes.Agradezco 26 años de matrimonio y la complicidad inigualable de mi esposo en mi vida. Estoy feliz de saber que entregué ya mi cuarto libro, que habrá de publicarse a principios de año.Emocionada que Viajar por la vida tenga nueva reimpresión y que mis   otros dos libros sigan vigentes en librerías y presentes en la lista de regalos de muchas personas. Cómo curar un corazón roto me ha regalado 16 reimpresiones y  Elige no tener miedo estrenó hace poco nueva portada. Todas bendiciones que son posibles gracias a las personas que me siguen, que me escuchan en la radio, que buscan mis conferencias y Tanatotips en Youtube y que están siempre alertas de programas de televisión donde aparezco y talleres que imparto. De verdad, Muchas gracias.

El otro día me llegó un mensaje a mi teléfono, era un amigo argentino que me comunicaba que su más reciente libro es ya un éxito de ventas en España. Ese amigo que ahora atesoro, ha estado en mis estantes con sus cuentos y relatos desde hace más de 15 años. Lo he escuchado en audiolibros, mirado en entrevistas de televisión, escuchado en vivo siempre que tiene conferencias y ahora, ese incomparable amigo será quien presente mi libro en el 2017. ¿Me pregunto si hay algo más que todavía pueda pedirle a la vida? Porque como les digo, a Dios ya solo le doy gracias y le digo SEA. Lo siento tan cercano a mi, tan aprobatorio de lo que hago y busco lograr en el corazón de las personas, que vivo con una gran paz y fe insertas en mi corazón.

Creo que la respuesta es Sí, hay algo que quisiera mucho. Un capricho que tal vez alguno de ustedes pueda hacerme realidad por eso me atrevo a comentarlo. Me encantaría saludar y recibir un abrazo de Miguel Bosé. Tendría que agacharse mucho eso sí, pero si alguno de ustedes lo conoce bien y ahora que esté por México para sus conciertos en febrero puede hacerme realidad este sueño,  prometo solemnemente( lo consiga o no) seguir esforzándome cada día más en sembrar en las personas una visión positiva con respecto a la pérdida. Contagiar a todos de mi alegría por la vida y mi positivismo; ese mismo que me hizo creer que la Tanatología un día sería tema de mucho interés, que lograría reunir a 7000 personas en un evento para escuchar hablar de ella, que me permitiría llegar a los programas de radio más escuchados y sumar muchas personas a esta red de apoyo que un día soñé formar y hoy es una realidad.

Todo comienza con un sueño, yo me voy a la cama esta noche con la ilusión de ese abrazo y en una de esas,” en una de esas, el Oso habla” ¿Verdad mi querido Dr. Jorge Bucay? Será un honor tenerte conmigo para presentar a La niña a la que se le vino el mundo encima.¿ Así, o más agradecida y emocionada con la vida?

Feliz Navidad para todos, por favor no dejen de soñar y cuenten siempre conmigo.

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Se vale soñar

Sé que los tiempos son difíciles, que no hay abundancia económica en la mayoría de las personas. Que las noticias que escuchamos y de las que nos enteramos cercanas a nosotros nos dan miedo y angustia anticipatoria. Que bajo este contexto, a punto de acabar el 2016, llegue una vocecita a decirnos que lo mejor está por venir ,puede enojar a muchos. Sin embargo, esa voz que es la mía, no se va a detener .Lo seguiré diciendo y seguir sembrando esperanza en los lugares donde haga falta.

Nada, nadie y ninguna circunstancia debe robarnos la posibilidad de soñar y de luchar para que esos sueños se hagan realidad. Les quiero contar una historia real que los que me conocen, saben emerge desde el fondo de mi corazón.

Como muchos de ustedes saben, yo estudié letras, mi pasión es leer y escribir. Carlos Fuentes fue siempre mi autor favorito en ficción y Jorge Bucay en no ficción. De ambos he leído todos sus libros hasta ahora y es más, en el carro escuchaba los CD s que acompañaban los textos del maestro Bucay. Mis hijos se aprendieron Sus cuentos para pensar, de memoria de tanto que los escuchábamos. Un día, el 7 de Marzo de 2015 (el día menos pensado, como suelo decir) mientras estaba en camerino para salir a dar una conferencia en Durango, escuché en el pasillo una voz que desde siempre retumbaba en mis oídos y en el alma. Solo alcancé a decir ¡No! y vi entrar al Dr. Jorge Bucay acompañado de mi marido. Simplemente me le lancé a los brazos y él con una bondad inexplicable me acariciaba la cabeza y me decía, “Disfruta tu público, es tu noche” Le expliqué que era su fan, que conocía todos sus textos y que  él aparecía siempre en mis bibliografías. Me firmó un ejemplar de  mi libro Viajar por la vida y yo le dedique uno también. Les prometo que  yo temblaba de emoción.En 5 minutos tenía que salir a escena ante 6,000 personas y yo lo que quería  era prolongar  una eternidad ese abrazo.

Al comenzar a hablar y bajar la vista al público cual no sería mi sorpresa que en la primera fila y con una libretita en mano, listo para tomar apuntes, estaba sentado Jorge con una humildad y sencillez que jamás podré olvidar.

Podría contarles todo lo que ha pasado después, gracias a Danielo Hernández y Jesús Peyro este encuentro se repitió y hoy ,debido a la increíble generosidad de Jorge Bucay puedo decir que tengo el privilegio de su amistad.

Les comparto que en mi nuevo libro que saldrá en enero 2017, la contraportada estará engalanada por la opinión del Dr. Bucay sobre mi historia. ¡Todavía no me lo creo! y habrá más, mucha más historia y saben ¿por que? Porque sigo creyendo que los sueños se cumplen, porque he trabajado mucho para que así sea y porque creo que me lo merezco. Cuando esos tres factores se conjuntan y el tiempo marca su pauta, todo puede pasar.

Por eso quise compartirles esta historia a mes y poco que termine el año, para renovar sus ganas. Fortalecer su espíritu y saber que si yo pude alcanzar lo que supera por mucho mis ilusiones, ustedes también pueden.

Vamos juntos por un 2017 que se caracterice por un decreto: Se vale soñar.

El que mantengamos los pies en la tierra no nos obliga a dejar ahí mismo la voluntad.

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Esta es mi cara al hablar por teléfono con mi autor consentido y mi inspiración favorita. ¿Hace cuanto que no sonríes así? Genérate esa sonrisa.

 

 

Turistas y viajeros

Hay dos clases de paseantes por la vida: aquellos que palomean los lugares por visitar, van y se toman la selfie para compartirla en redes y decir que ya fueron (turistas) y aquellos que exploran un lugar, le entran a su gastronomía por exótica que parezca y viven el sitio. Lo hacen suyo. Esos son los viajeros. Viajar por la vida (título de un libro que les recomiendo ampliamente) es un privilegio de incalculables proporciones.

Hace poco regresé de  India, dos semanas para ser exacta y me ha llevado este tiempo acabar de tomarme la Vibramicina (medicina par prevenir malaria), ponerme al día en pendientes y acabar de asimilar todo lo vivido por esas tierras lejanas.

Aunque el viaje haya terminado India sigue viajando en mí. Me sorprendo pensando en ella a la menor provocación, imágenes asaltan mi cerebro en todo momento. Me descubro sonriendo sin aparente motivo en total agradecimiento a la vida por la oportunidad, por lo perfecto de la experiencia y por haber sido partícipe de un pulso acelerado, de una fe apabullante y de un mundo colorido con quien siento haber tenido una cita  desde hace  ya mucho tiempo.

Me prometí a mi misma no regresar diciendo que hay pobreza y suciedad, eso ya lo sabemos y por acá también tenemos la nuestra. Decir esas cosas es hacer una versión reduccionista de otro universo, eso fue India para mí. Un lugar donde en muestra de afecto y sin connotación sexual los jóvenes se toman de la mano, donde si a mí me parece raro ver una cobra saliendo de un cesto al sonar de una flauta al que la lleva le parezco más rara yo por mi color de piel y ojos. Un encuentro espectacular con siglos de historia, infinidad de Dioses y sus reencarnaciones, pensamiento mágico y excelente dotes de comerciante en sus habitantes. Todo eso junto y personificado en un señor de no pocos años que hace a la perfección la sentida Hindú que yo nunca he podido lograr.

Estoy tan feliz de que mis ojos vean más allá de las cosas que pueden distraerlos porque si bien una vaca comiendo basura a mitad de la calle es llamativa lo es mucho más la tolerancia para diferentes credos religiosos y  el respeto a la vida en todas sus manifestaciones. Espero y quiero que quien visite nuestro país también sepa ver más allá de la inseguridad o la contaminación y no hable solo esas cosas de México. En la vida hay mucho subtexto y hay que aprender a leer entre líneas.

Yo no fui a “encontrarme” a India, ya me tenía bastante ubicada. Fui a disfrutarme a India; a saber que aún soy capaz de montar un camello, andar en elefante, aprender conductas y pensamientos nuevos, salirme de mi zona de confort, reducir mi espacio vital, aguantarme las ganas de comprarlo todo y  con ello traer a casa un poquito de aquella tierra mágica.

Lo que sí espero haberles traído a todos es una Gaby más profunda, más empática, más tolerante y si eso es posible, aún más feliz.

Amo ser viajera y los invito a que lo sean ustedes también.

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La sorpresa del mar

Hace poco tuve oportunidad de tomarme unas vacaciones y claro que decidí ir al mar. Digo claro porque cada vez me es más evidente que lo mío es el calorcito, la libertad y el espacio no ajetreado de reflexión. Iba decidida a nadar con tiburones ballena, es la temporada y parecía algo que debías de hacer si visitabas esos mares. Sin embargo al conocer las condiciones de la excursión, las dos horas y media que había que pasar en la lancha persiguiéndolos, las pocas posibilidades de encontrarlos y de así ser, la rapidez con la que había que zambullirse para nadar a su lado me hicieron desistir de la idea.

Opté por un plan más tranquilo que era ir en una lancha, snorkelear (lo he hecho tan poco en mi vida que ni sé si así se escribe), ver hermosos peces y  disfrutar el paisaje. Ya en el paseo de la lancha, en pleno mar abierto de pronto de la nada, sin aviso previo, saltan junto a nosotros una familia de delfines. Eran 5 o 6 no lo sé bien, eran dos pequeñitos y otros mucho más grandes. Hermosos. Para nada se sintieron inhibidos o amenazados por nuestra presencia. Era como poder tocar esa inocencia pura  en ellos, que no creían posible que alguien pudiera querer dañar a  un ser tan amigable.

No sé si alcance a describirles con palabras lo que sentí en ese momento. El privilegio con el cual me sentí bendecida. Yo siempre he amado a los animales marinos, de hecho me gustaba visitar acuarios y parques marinos para ver sus espectáculos. Pero mis hijos ,que parece  que no están viviendo su primera vida, sabiamente me decían que no había que fomentar aquello. Que no eran las condiciones naturales para esos animales y que el cautiverio era cruel. Yo alegaba que  ahí se hacían planes de conservación de especies y que ¿cómo iba yo a ver una ballena o unos delfines en su estado natural si no vivo cerca del mar? Ellos respondían: “si no los ves es porque no tienes que verlos pero no deben sacrificarse para que tú los veas”.

Dejé de visitar zoológicos y acuarios pero la verdad no había cambiado totalmente mi forma de pensar. Hoy sí. El regalo maravilloso de verlos jugar, brincar en libertad sin expectativas de ningún tipo. Es decir no había que hacer un truco para obtener un pescado, no tenían que saltar y tocar una pelota. Aquí solo tenían que ser libres y felices  sin buscar agradar a nadie.Mandaban esa vibra clara que todo ser (incluidos los humanos), muestran su mejor versión cuando simplemente son y no esperamos nada de ellos.

Claro que no tengo una foto  del momento que compartirles, todo ocurrió tan rápido pero fue tan definitivo en mi vida que hoy agradezco la sorpresa y la lección que me dio el mar.

Firma esto, una Gaby nueva a sus 50 años.¿No es eso una maravilla también?

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Sentir cosas

Si pudiera hablarse de Tanatología en el futbol esta sería la crónica ideal. Felicidades Luis Madrigal tu pluma como el buen balón, siempre hace sentir cosas. Se los comparto.

Diëresis

Era algún momento del segundo tiempo extra cuando mi abuela pidió que le prendiera a la máquina de oxígeno.

“¡Me muero! ¡Me muero!”, gritaba cómodamente, con una coca en la mano, desde su sillón que se reclina solo.

A veces es difícil tomarse en serio a la abuela, sobre todo porque asegura que sostiene conversaciones con la Virgen de Guadalupe -el portero de su edificio, encima, se llama Jesús- y jura que la ha llegado a visitar el abuelo muerto, al que nunca le gustó tener en casa en vida.

Pero, en todo caso, la final de Eurocopa que se definió con un tiro de un hombre que nació en Guinea-Bisáu y que había jugado sólo 13 minutos en todo el torneo autorizaba prácticamente cualquier exabrupto.

Es imposible hablar de ese partido sin hablar de Cristiano Ronaldo –Rolando, según la abuela-, una figura de tal tamaño mitológico que ya ha conseguido…

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EKR maestra de maestras

Hoy es 8 de julio, un día como hoy hace 90 años nació Elisabeth Kübler-Ross en Zurich, Suiza. Nació para ayudar, para servir y para dar alas de mariposa a quienes tenían miedo a morir, estaban enfermos o lloraban la muerte de un ser querido.

Estudió medicina siendo la bata blanca de médico la primera cosa realmente solo suya ,ya que como trilliza creció siempre compartiéndolo todo con sus dos hermanas. Se casó y se mudó a Estados Unidos donde logró una especialidad en psiquiatría y tener dos hijos.

Siendo maestra de la universidad de Chicago organizaba seminarios para sensibilizar a los doctores y enfermeras con respecto al trato hacia el enfermo terminal. Trabajó mucho con pacientes con Sida, y viviendo en California se relacionó con espiritistas y mediums ya que empezaron a interesarle experiencias fuera del cuerpo. Esto le trajo muchas críticas en el ámbito científico.

Sufrió varios infartos cerebrales y en uno de ellos quedó paralizada. Nunca dejó de escribir, o de dictar sus pensamientos y filosofía de vida porque de eso es de lo que habla realmente la tanatología, de vida.

Su legado es inmenso tanto en bibliografía como en aprendizajes. Hay quien dice que su teoría sobre las etapas del duelo es obsoleta ,pero basta ver que quien lo afirma, no trabaja con enfermos terminales, pues para ellos fue que la Dra. Ross estableció esas fases que siguen vigentes y dan mucha luz y claridad en el proceso.

Elisabeth hablaba de aceptación y transición, dos palabras que son muy difíciles de asimilar pero que cuando uno logra hacerlo te devuelven la paz necesaria para vivir con la frente muy en alto y la satisfacción del deber cumplido hasta el final.

Dra. Kübler-Ross en este aniversario de su natalicio quiero decirle Gracias, en nombre mío, en el de todos mis pacientes y colegas. Gracias porque nos ha enseñado a ver el fin de la vida como el comienzo de algo; porque cambió el sufrimiento por sentido y el apego por amor incondicional. Seguiré siempre honrando su memoria y enseñanzas desde mi muy humilde trinchera, usaré esas alas que usted me regaló para el servicio a los demás, la felicidad y aceptación de los tiempos y ciclos de la vida.

Que sea éste el primero de muchos pequeños homenajes que en su nombre estaré realizando. ¡Viva siempre Elisabeth Kübler-Ross!

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