El amor en los tiempos de la selfie

No es porque acabe de ser mi cumpleaños, ni porque tenga la misma edad del Súperbowl; pero la verdad, la verdad, no entiendo el amor en estos días.

Tener pareja, solía ser eso; dos siendo parejos el uno con el otro. Apoyarse mutuamente, pasear juntos, disfrutarse, enfrentar la vida agarrados de la mano y tomarse fotos juntos.

Todo parecía ir bien hasta que apareció el diablo vestido disque de autosuficiencia y autoestima. Se denominó a sí mismo selfie, advirtiendo con su nombre que el egocentrísmo sería la adicción.

Qué divertido ser independiente y no tener que pedirle a nadie, que me tome una foto para recordar el lugar en el que estoy. Cambio la cámara de mi teléfono, apunto hacia mí y listo.

Al principio salías tú en chiquito o solo un pedazo de ti y el lugar hermoso detrás. Luego, el lugar fue menos importante y retratarse a uno mismo era el tema. Besito, boca de pato, carita de sorpresa y luego ponernos orejas y hocico de perro. ¿A dónde vamos a parar? diría el Buki.

Esto se ha desatado, teniendo su teléfono a la mano la mujer no necesita al hombre; estando sus amigas en treintaycinco chats al alcance de un click, quién quiere ya platicar con su pareja, mirarlo a los ojos y preguntarle cómo está.

Selfie despertando para decir buenos días a los que no amanecieron contigo. A los de casa ¿para qué?, si ya saben que los quieres. Selfie en el gym para que sepan que fuiste y lo bien que te estás poniendo. Selfie con tu desayuno para antojar a los demás y así todo el día hasta la noche donde compartes tu última imagen gritando extasiada en una fiesta, tomada por ti misma claro.

Estoy confundida, me parece una práctica solitaria. Siento que la relación más estrecha, puede llegar a ser la que tengamos, con esa extensión de nuestra mano que es tan buena, que además de tomar tu foto, le da una arregladita para que te veas tan bien que hasta te la creas que así estás.

No critico ni condeno, solo extraño cuando la foto era un recuerdo del momento y no un álbum interminable para presumirle mi vida perfecta, mi cuerpo perfecto y mis habilidades perfectas al mundo. Me pregunto cuánto daño puede hacerle esto a alguien a quien no le gusta su vida o se aburre en ella y se dedica al triste oficio de contemplar la vida virtual de los demás que desde su recámara, parece tan inalcansable.

Soy de las que necesitan de otros, para que me abracen, me tomen y salgan conmigo en las fotos. Me gusta que me cuenten un chiste para reírnos juntos y no que me compartan memes. Siento bonito que me llamen y me digan que me quieren y no manden doscientos emoticones en un mensaje encriptado por mi cumpleaños.

Quisiera que ustedes se quieran de verdad, no desde la vanidad y el auto homenaje, sino desde la aceptación de su increíble unicidad.

¿Hay más locos que piensen como yo en el amor en los tiempos de la selfie?

No hay nada de malo en quererte pero enamorarte de otro es espectacular.

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La sonrisa que vuelve y se queda

El tiempo es algo sumamente relativo. Una clase de matemáticas dura una eternidad y en cambio el recreo es cortísimo. Así la vida, que definimos con un dicho muy mexicano: Que tanto es tantito.

En temas de duelo, la duración de cada etapa es totalmente personal. Un traje hecho a la medida. Hay quien se estaciona en la negación un buen rato, quien se aferra al enojo o quien quiere correr rápido, para llegar a la aceptación en dos semanas. Eso no es posible porque tampoco existen los duelos de microondas.

Si nos quedamos en la tristeza el tiempo suficiente como para extraer significado de ella, entonces no habrá sido estéril el dolor. Habrá dado fruto a un nuevo tú más resistente y empático.

Mi tolerancia a la tristeza ajena es sorprendente. Puedo escuchar a un paciente lamentarse de su suerte sesión tras sesión y yo, como en las escuelas,  no grito, no empujo y no corro.Pero conmigo, no me sucede lo mismo. Tengo una vocecita interior que me levanta de la cama, no es un Pepe Grillo, se parece mucho a la de Goofy. Esa voz relajada y espontánea, me pone a comer Ruffles verdes y a escuchar canciones de Miguel Bosé. Me hace como ayer por ejemplo, voltear al cielo y ver un hermoso eclipse.

La naturaleza siempre me hace sentir agradecida y últimamente me ha regalado fenómenos hermosos, explicables para mí, únicamente a partir de la existencia de un creador a quien nadie le gana en generosidad.

Leí todos sus comentarios a mi entrada anterior, revisé uno a uno sus correos, mensajes y notas de voz. Su cariño me rebasó. La verdad es que sí me sentía apreciada, pero hoy, me siento muy rodeada de amor. No sé si ponerme romántica y achacarle algo de esto a mi mamy que ande haciendo travesuras en el cielo para que yo aguante su ausencia o simplemente entender que la vida me seduce, que amo estar viva.

Mi sonrisa volvió y de muchos colores. En parte gracias al cariño de todos ustedes y su gran capacidad de poner en palabras su solidaridad y respeto. Y por otro lado, porque estoy segura, aunque no lo recuerdo, que precisamente debe de haber sido mi mamy la que me enseñó a sonreír. Yo lo hacía con mis hijos cuando me escondía bajo su cobijita y reaparecía súbitamente con tal de oírlos carcajearse. Así que si fue obra de ella, habré de demostrarle que las lecciones bien dadas no se olvidan cuando el maestro ya no está presente. Por el contrario, es cuando más deben ponerse en práctica.

Esta sonrisa llegó para quedarse, así que agárrense porque para mí el año está apenas comenzando. 2019 traerá libro nuevo bajo el brazo, viajes de gira de promoción, proyectos nuevos y muchas, muchas conferencias. Será nuestro año; el de ustedes y mío porque desde ahora les digo que su fuerza es la mía y viceversa.

La gran sirena de la vida me cantó al oído y no hubo mástil del cual pudiera amarrarme. Me arrastró con ella y le sonrío, desde el fondo de mi alma.

Siempre, Paz y bien.img_1975

5 cms de tristeza

Hace algunos años, escuché decir a un afamado estilista, que después de una pérdida o un disgusto grande, había que cortarse el cabello para quitarse de encima esa tristeza. Desconozco si esto tiene algún fundamente “científico” pero el comentario me hizo mucha gracia y lo guardé en el disco duro de mi memoria.

El miércoles pasado murió mi mamá. Lo escribo y duele cada letra de ello. Aunque ella venía estando enferma hace tiempo y su calidad de vida  estaba muy mermada, el final ocurrió muy rápido. Tenía 88 años y padecía enfisema pulmonar. Pero uno no los quiere por jóvenes o sanos, los queremos  porque son nuestros padres. Porque nos dieron la vida, porque nos educaron, nos regañaron, nos guiaron y amaron siempre.

Su amor hacia mí fue incondicional y solamente ahora que no habita en esta tierra, puedo amarla de la misma manera. Sin esperar nada, ni siquiera verla. La amo por ser quien es en mi vida. Sin palabras, sin contacto, sin olor ni presencia. La amo como si ahora viviera dentro mío como yo lo estuve en ella 9 meses .

Hoy es un mundo nuevo para mí, a mis 52 años estoy descubriendo como es un  espacio en el que ella ya no habita. Ya no debo de llamarla diario para saber cómo amaneció y cuando me vaya de viaje y aterrice mi avión, ya no tendré que avisarle que estoy bien. Ya no hay en el mundo alguien que se preocupe por mí tanto como  lo hacía ella. Hay muchos que me aman, pero no son preocupones; para eso las mamás nos pintamos solas.

El Universo cambio y yo también.

He recibido tanto amor, tantas manifestaciones de cariño y respeto que estoy rebasada por la felicidad no solo de haberla tenido en mi vida sino porque estoy bendecida con una profesión que me permite tocar vidas, acompañar en su dolor a las personas , darles esperanza y palabras de aliento. Ahora me ha tocado a mí recibirlas todas y lo hago con el alma. Jorge Bucay tenía razón ( como siempre), tristeza y felicidad sí pueden cohabitar en nuestra piel.

Pero como la mente es muy curiosa, trajo al presente aquel comentario del peluquero y me fui al salón de belleza. Me pinté las uñas, me arreglé el cabello y los pies. Espero sinceramente que haya yo dejado en el piso de aquel local, por lo menos 5 cms de mi tristeza y que inverso a aquel titán que al cortarle la cabellera perdió su fuerza; yo recupere la mía para continuar con este hermoso camino de consuelo y paz para quienes se acercan a mí en busca de alivio.

Les hago una gran promesa; no voy a dejar de ser yo. Entre muchas razones, porque mi mamy amaba quien yo era y cambiar,sería una traición mayor.

Gracias de todo corazón por estar cercanos a mí y  por favor, disfruten sus fiestas decembrinas con ánimo y ganas renovadas. Háganlo también por mí y abracen fuerte a los suyos. No lo hagan temiendo perderlos, háganlo desde el amor de tenerlos.

Nos leemos en enero, con una sonrisa en los labios y mis palabras favoritas de siempre. Paz y BienIMG_0008

La vida de colores

Recientemente estuve en La Feria Internacional del libro en Guadalajara. Una verdadera gozada estar con autores, tantos libros y ávidos lectores. Una fiesta llena de colores,pero no por las portadas de los textos, sino por el cabello de los asistentes.

Me sorprende que el hombre y en este caso específico la mujer; siempre quiere enmendarle la plana a la naturaleza. Con gran asombro descubrí ahí, que lo de hoy es el color en la cabeza.

No un aburrido café, negro o amarillo que son clásicos. Había que usar todo el Pantone para mostrar que las cosas se pueden hacer diferentes.

El punto es destacar por la apariencia en un estridente grito de “aquí estoy” que va abriendo paso a su andar.

Está bien, está muy bien. Celebro todo aquello que haga divertida la vida sin dañar nuestra salud o la de alguien más. Y como yo no quiero dejarle el mundo solamente a los jóvenes; a partir de hoy luzco unos muchos cabellitos blancos en mi larga cabellera café sin chiste. Que no vayan a creer ustedes que son canas; no, no no. Son ganas. Ganas de vivir la vida en toda su paleta de tonalidades.

Hay dolor y pérdida en esta existencia sin duda, pero también existe la manera franca de tomarse las cosas con menos seriedad y con ánimos de innovación Sigue leyendo

La vida son dos minutos

No puedo creer que ya estamos en noviembre. Dentro de unas semanas más estaremos decorando la casa de Navidad y en un abrir y cerrar de ojos, el 2019 ya estará aquí.

Para un niño las cosas son distintas. Si tú le preguntarás ahora que le va a pedir a Santa Claus, te diría que no sabe, que falta mucho. Se les hace eterna la llegada del fin de semana o la emoción de Reyes Magos, pero para los adultos la vida tiene otro tiempo. Son dos minutos decía mi padre y lo decía muy bien.

El tema es: qué hacer con el recurso más escaso y preciado que tenemos; el tiempo.

Parece escurrírsenos entre los dedos y con este nuevo horario peor. La noche se nos viene encima muy pronto. Es por esto que decidí compartirles mi decálogo con el que aprovecho el tiempo, para ver si puede serles de utilidad, los inspira a elaborar uno propio o para al menos; encontrarnos en este espacio de tiempo llamado BLOG que nos ha unido ya desde hace varios años.

  1. Despiértate temprano. Eso no significa que duermas poco pero sí que optimices tu tiempo dándole valor al descanso y minutos al día para hacer muchas cosas.
  2. Que no pase un solo día sin que rías. Una carcajada ya bien valió las 24 horas  que te fueron dadas. Llena el alma, revitaliza tu rostro y tu expresión.
  3. Para cumplir el punto número 2 debes de ver a los amigos. Es de vital importancia darte el tiempo de frecuentarlos, de consentirlos y sobretodo, de escucharlos.
  4. Ten una mascota. Definitivamente ten una mascota. Entrégale tu corazón y recibe el suyo aunque venga envuelto en muchas babas y pelos.
  5. Ten proyectos. Saber adónde va uno, hace el camino más transitable. Cada día, cada acción que sea un peldaño que te acerque a aquello que quieres conseguir.
  6. Estos puntos no son propósitos de año nuevo por lo que no escribiré “haz ejercicio”. Pero sí mantente activo, muévete, camina, siente y ama. Puros verbos de acción.
  7. Lee un poco cada día. Recorre las páginas de un buen libro que te saquen del mundo pequeñito en el que solemos encerrarnos y te abran todas las posibilidades del universo.
  8. Viaja, sin duda una de las mejores cosas de la vida. Pon tu cara de viaje, tu actitud afable y  toma una maletita y lánzate a conocer el mundo. Sus rincones, nuestros pueblos mágicos. Viaja porque el dinero se recupera pero el tiempo no.
  9. Dales un beso de buenas noches a todos los que viven contigo antes de irte a la cama. Aunque estés enojado, aunque se hayan portado mal o lo que sea, pero bésalos. Nunca habrás depositado suficientes besos en tu cuenta de la memoria.
  10. Y finalmente vive. Con intensidad, con alegría porque eso es lo que decía William Shakespeare que teníamos que hacer antes de morir: Vivir.

Gracias por estar en mi vida lectores, por su cariño y apoyo incondicional. Que el 2019 nos reuna muchas veces y lo hagamos con salud y buen humor.

Paz y bien

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10,000 ft de altura

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Cuando va uno en un vuelo, el despegue es movidito y luego el ascenso presenta varias turbulencias hasta que el capitán anuncia:” hemos alcanzado los 10,000 pies” y entonces todo cambia. El trayecto se da de una manera más fluida; sin sobresaltos, sin nubes como topes del asfalto celeste. Qué a gusto se está a esa altura donde casi, casi puede uno olvidar que está volando.

Considero que la vida se parece mucho a esta experiencia. Por temporadas enteras navegamos por encima de los problemas, hasta decimos frases como “ hace mucho que no se muere nadie de la familia” o “qué en paz hemos estado últimamente”. Ya sé que lo decimos con miedo, como en voz bajita para que el destino no se de cuenta que estamos ahí. Queremos pasar desapercibidos de las tragedias y dolores. Acompañamos a quienes sufren pero desde una trinchera  donde pensamos en ellos  como “ pobrecitos”,  pero que bueno que a nosotros no nos pasó nada.

Irremediablemente todo lo que sube debe de bajar y el avión vuelve a descender para poder aterrizar. De nuevo cruzamos la línea de los 10,000 ft. y todo se vuelve complicado hasta que un rebote te hace darte cuenta que finalmente  estás en tierra.

La vida, este fascinante movimiento perpetuo lleno de subidas y bajadas,  hay que aprenderla a vivir. Nada de creer en aquel mito de que si uno era bueno en la vida le iba a ir bien. A los buenos les pasan cosas buenas pero a los malos también. Debemos de saber estar arriba y disfrutarlo entendiendo que no durará para siempre y luego aguantar las bolsas de aire sabiendo que tampoco serán permanentes. Todo pasa, de hecho lo único bueno de lo malo es que pasa. El chiste está en saber mantener un equilibrio entre optimismo y realidad, una postura agradecida para los buenos momentos y de fuerza y resiliencia para la parte más complicada.

La Tanatología nos ayuda como herramienta de vida porque es la teoría de la esperanza. Es la que te recuerda que hay luz al final del túnel y que lo que viene conviene aunque  no lo hayas  planeado así.

Sé que resulta muy complicado soltarnos y ser buenos pasajeros, seguro que algunos de ustedes van frenando con su pie en el suelo en un intento desesperado por tener el control de la situación. Sin embargo, la vida a veces nos pide soltar, dejar ir y nos pone muchas oportunidades para aprenderlo. Las cosas no pasan literalmente para que aprendas, pero ya que pasaron podemos extraer significado de ellas y crecer a partir de eso.

Deseo para ustedes un vuelo alto, que si no lo han hecho todavía, crucen la barrera de los 10,000 ft y disfruten el trayecto. Saben que ahí estaré cercana, cuando sea hora de bajar.

viajar

Una piedra en el camino…

Las vacaciones son un derecho de los trabajadores; una necesidad para el alma y un respiro para el corazón. También son una pedrada en la cabeza y les cuento por qué.

Este verano quise hacer algo diferente y fui con la familia a escalar una montaña. Antes de poder tomarme unos días libres, la carga de trabajo era irreal y, como ustedes sabrán, la chamba de una tanatóloga lleva implícita una gran carga de estrés y corazón apachurrado. Por las noches me costaba dejar de pensar en los casos que tenía y sus posibles caminos para encontrar paz. Mi esposo describió lo que me ocurría como si en mi cabeza habitara un hámster que no dejaba de dar vueltas en su rueda. ¿Qué? ¿Este ratón necesita un trancazo para estarse quieto?, me preguntó un día desesperado. Concedido.

En plena vacación y con todo el ánimo de llegar a la cima cruzamos una callecita de entrada a la montaña. De pronto sentí un agudo golpe en la cabeza y el sonido de una piedra que caía al suelo. “¡Me aventaron una piedra!”, grité. Mi familia no me creyó; debía de haberse caído una piedra de algún lado, no había sido intencional, nadie vio nada.

Me sobé la cabeza y continué el camino. La vista era espectacular, casi equiparable al esfuerzo que yo hacía por seguirles el paso a todos y no defraudarlos. Ahí estaba mi cuerpo cobrándome el peaje por las muchas horas de estar sentada en mi sillón dando consulta, las faltas al gimnasio y mi carente disciplina aeróbica. Pero hay ocasiones en que la voluntad te hace andar más rápido que tus piernas y yo no iba a fallarle a mis hijos.

¡Lo logramos! Llegamos a la cima y la sensación fue maravillosa. Nos abrazamos, tomamos fotos y disfrutamos de la cumbre unos momentos.

Había que emprender el regreso y a uno se le olvida que los mismos metros andados de subida hay que recorrerlos en bajada. Con cuidado, paso a pasito y tomada de la mano de mi esposo, volví a pisar tierra firme. No les puedo describir la felicidad que sentía, la satisfacción del deber cumplido y el orgullo de que mi edad no me hubiera jugado una trastada.

Caminamos por la calle de salida cuando de pronto…¡ZAZ!, otra pedrada, pero esta vez todos la vieron. Era más grande y volvió a aterrizar directo en mi cabeza. La verdad sí lloré, no sólo por el golpe, sino por lo rápido que la vida me había arrancado mi sonrisa plena de satisfacción. ¿Por qué?, me preguntaba yo como todos ustedes se han preguntado cuando les pasa algo “malo”. ¿Por qué yo y por qué dos veces?

Hechas las averiguaciones y ante la indignación de mis cuatro hombres (ahora sí, ¿verdad?) se levantó una queja, se notificó a la policía y todos se compadecieron de mí, no sin dejar de alabar el excelente tino del tirador que me me había dado dos veces, ida y vuelta, con impecable exactitud.

En eso se voltea mi esposo y me dice: ¿Ahora sí ya se aplacó el hámster? La risa fue inevitable y les prometo que estuve como sedita y sin estrés el resto de la vacación.

Sirva esta anécdota para pedirles, advertirles, rogarles y exhortarlos a que calmen un poco sus pensamientos. Metan en cintura al estrés y a la preocupación que de nada sirven, y se apliquen a vivir la vida y disfrutarla. No todos necesitamos de una piedra en el camino para atesorar el aquí y el ahora donde todo está bien.

Yo ya lo aprendí.

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Merengues y cantinas

Cuando yo tenía 18 años y acababa de entrar a la universidad, acordé con una amiga irnos de mochila a Europa. En aquel entonces no existía el llamado Eurotrip que ahora es tan común. Viaje que financian y en su mayoría organizan los padres para que sus hijos celebren (y miren que lo hacen), el haber terminado la preparatoria.

Nosotras comenzamos a idear todo, el itinerario con escalas constantes en Madrid donde yo tenía a mi familia paterna para asegurarnos de comer bien y luego volver a la aventura. Faltaba conseguir el backpack y afinar detalles entre los cuales estaba notificarle a mi mamá.

Eso no fue tan sencillo, mucho más equiparable a una revolución que a una notificación. Me lo prohibió, me amenazó con todo lo amenazable; no me daría un solo peso, me sacaría de la universidad, y ya no podría regresar a casa.

Ella estaba asustada, muy asustada y los padres a veces cometemos esa gran agresión que es la sobreprotección pero también ejercemos algo que es muy válido  y que son los límites; hoy lo entiendo.

Hablé con mi amiga y al exponerle el caso me dijo -“¿Y entonces?”

-“Entonces nada, tendremos que trabajar para juntar el dinero pues no me van a dar nada.”

-“Con lo que me de mi papá viajamos las dos” , me dijo.

Y aunque  se lo agradecí mucho, eso le quitaba algo del  chiste a las cosas. Yo debía de ganarme ese paseo no con el  solo mérito de haber terminado la prepa y entrado a la universidad, que más lo veía yo como una consecuencia lógica al esfuerzo de mi madre por pagar mis estudios y mi obligación ante la preparación que debía adquirir para enfrentar una vida laboral. Debía de ganármelo al más puro estilo conocido como  con el sudor de tu frente.

Hicimos de todo; ventas de garage, rifas y también por qué no, vendimos merengues en cantinas. Se van a reír dos horas imaginando a gabytanatologa que ya medía el metro con cincuenta y tres centímetros que hoy poseo, con su canastita ofreciendo merengues en el lugar donde menos se consume azúcar (en esa presentación al menos) del mundo.

Pues fueron un éxito. No se si les hacíamos gracia o les dábamos ternura pero nos fuimos a Europa.

Mi mamá no tuvo más que rendirse ante mi esfuerzo y árduo trabajo. La última noche antes de partir, se sentó a los pies de mi cama y me dijo que podía volver a casa, que seguiría en la universidad y que me amaba ( cosa que yo ya sabía). Me regaló también cien dólares y me dio su bendición.

Ese viaje fue uno de los mejores de mi vida, en efecto pasé hambres con mi poco presupuesto pero aprendí y crecí como no se imaginan.  Comer solo una crepa de azúcar al día no le quita a Paris su hermosura ( al menos no cuando se tiene esa edad). Inclusive regresé bien gordita a pesar de todo, pues las escalas en casa de mi abuela y su paella fueron gasolina de la mejor clase; puro aceite de oliva.

Hoy lo recuerdo con alegría y les comparto esta anécdota pues empiezo a ver algunos jóvenes con  pocas ganas de luchar por sus sueños; se detienen ante  el primer  obstáculo. Hoy la  tendencia es a permanecer cómodos, inmutables ,sin proyecto de vida ni energía para salir a buscarlo. Al no esperan algo de la vida creen que así lograrán defenderse del desencanto y  la decepción.  También ellos están asustados.

Un gran sillón y la pantalla plana frente a sus ojos son una barrera entre su sed de crecer e independencia y  las ganas de levantarse y hacerse de los medios para lograrlo.

Espero sinceramente que esta anécdota en mi vida sea una semilla que  germine en muchos las ganas de fabricarse una buena vida llena de sueños. Ellos ahí están,no los han abandonado,  solo que ustedes ya no los recuerdan.

Cantinas hay muchas y siempre habrá merengues por vender.

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Gracias por las amigas que comen pan

 

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Hoy en día todo es light: los postres, los refrescos, la comida y también las amistades. Socializas, sales y te diviertes, pero no tocas temas profundos ni entras en controversia sobre algún asunto. Parece que la consigna es ser ligeros. Todo está bien, cada quién lo suyo y viva la paz.

Sin embargo sigue habiendo una rara especie en peligro de extinción que son las amigas que comen pan.

Es un clásico salir a comer con las amigas, arreglarte para ellas como ni siquiera a veces lo haces para un galán. Vas con todo el ánimo de pasarla bien y disfrutar pero te topas con que una está a dieta, la otra ya no toma alcohol, una tercera es alérgica al gluten y tú te sientes como bicho raro porque comes todo, lo disfrutas y encima tienes la osadía de atacar la canastita de pan que ponen al centro de la mesa.

Pecado total; el pan engorda, infla, es adictivo y todo lo que tú quieras pero es, ha sido y será el alimento del hombre.

Esa rara especie de la que les hablaba son las amigas que probablemente se cuidaron toda la semana pero que cuando salen contigo disfrutan de lo que es producto de la tierra y trabajo del hombre. Con ellas se  habla de temas importantes, te preguntan realmente cómo estás y no lo asumen. Toman tiempos para hablar pero también para escuchar, lloran contigo pero saben en su momento decirte que eso no es para tanto. Confían en ti, en tu fuerza y disfrutan tu alegría y ocurrencias. En ocasiones extremas hasta untan mantequilla a ese pan en un mensaje desafiante a la vida que se aceptan y se gustan como están, que no van tras una talla inexistente y que son mujeres reales de hueso y mucha carne.

Son amigas de tiempo, sinceras, leales en las buenas y en las malas. Positivas y echadas para adelante, valientes y vibrantes. Te respetan si no comes postre pero el pan es el pan.

Yo no puedo imaginar mi vida sin esas amigas, que creo, son  la manera de Dios de disculparse por la familia que te dio o no te dio. Son hermanas escogidas, elegidas por el alma y que te hacen reír.

Gracias de todo corazón a las buenas amigas que tengo en la vida, las que tuve y hoy ya no están pero de las que también aprendí mucho. A las que vendrán y traerán consigo nuevas experiencias y aprendizajes y gracias sobretodo por las que tengo desde que aprendí mis primeras palabras, aquellas que sabían cuales eran mis sueños y hoy se entusiasman conmigo al verlos materializarse.

Fortuna es tal vez tener dinero y bienes materiales pero ser millonaria es contar con esas presencias incondicionales y tan dispuestas a encontrarle el lado de luz a la vida. Las que te sacan de tu sombra, las que te hacen visitar la “isla de las bobadas”, las que te rejuvenecen. Y muy especialmente aquellas  que como tú,  comen pan.

 

He oído de tus libros

Es un enorme privilegio trabajar para tratar de mitigar y dar un sentido al dolor de las personas. Me siento muy bendecida al cumplir  19 años de ejercicio profesional como tanatóloga.

No hay un solo día aburrido o rutinario en mi vida; cada familia, cada usuario es un caso distinto y único. No dejo de sorprenderme, para bien con la fortaleza y resistencia de las personas y para mal con el nivel de violencia, impunidad o poca salud mental  de la que sufren algunos.

Con lo que sí de plano no me siento cómoda, es con los dolientes que quieren que se les resuelva el tema del duelo por ellos. “Ayúdame a ayudarte” me dan ganas de decirles pues de verdad que un proceso de duelo es un trabajo por realizar y no un mero trámite burocrático de vida al que pudiera mandarse a otra persona a hacerlo en lugar de uno mismo.  Tu dolor es tuyo, enfréntate a él y yo, con mucho gusto te acompaño en el camino.

“¿Cuanto dura el duelo por la muerte de un hermano?” me preguntó el otro día un paciente. Sin ser aficionada a las recetas de cocina emocional, me aventuré a decirle que alrededor de un año el proceso más difícil. “¿Es lo menos?” Me preguntó de vuelta. ¡Me estaba regateando!

Así como en la comida Fast food, queremos hoy duelos de microondas y soluciones express. Una pastilla mágica o la varita que nos ayude a deshacernos de la incómoda sensación de sufrir. Hemos perdido  la paciencia para extraer significado de nuestras vivencias, no queremos lecciones buscamos satisfacciones.

Alguien que está roto solo puede dar pedazos. Sanar toma tiempo y es ir pegando uno a uno  los pedazos de nuestro corazón para fortalecer el músculo y crecer a partir de lo vivido.

Todos preferirían morir dormidos, es decir, no darse cuenta. Eso es una evasión al dolor físico y no me preocupa, lo que sí me aflige es que quieran vivir la vida de la misma manera. Dormidos. Que las lecciones se les pasen de largo, sin detenerse a una reflexión o a sufrir la incomodidad de un duelo.

Dormir con alguien es incómodo, estar embarazada lo es también. Parir y extrañar a alguien ni se diga, pero benditas incomodidades que me recuerdan que estoy viva, que siento y vibro.

Ayer poniéndome al día en mis correos descubrí uno que me decía lo siguiente:

Hola. He oído hablar de tus libros. ¿Será que puedas darme un consejo para no sentirme tan mal por haber terminado mi relación con mi novio?  

Claro que le daré respuesta, pero a partir de ese mensaje se me ocurrió extender la invitación y el consejo para todo aquel que lea mi blog:

No se limiten a oír hablar de mis libros, léanlos. Todo lo que tengo que decir está plasmado junto con mi corazón en esas páginas. Lo que sé, lo que soy y lo que más deseo para ustedes puede leerse de izquierda a derecha en una hoja blanca. No busquen la receta fácil o el atajo para curar y madurar. Pasen a través del dolor y dense el permiso de detenerse a pesar de lo vertiginoso de nuestro ritmo, para leer un libro frente a una taza de te. Se pueden sorprender y descubrir porqué he nombrado a mis libros Tanatólogos de buró.

Oír hablar de las Jacarandás jamás se asemejará a la sensación de verlas. ¿Me dan una oportunidad  de tocarlos a distancia? Lean mis libros.

Cómo curar un corazón roto Ed. Diana

Elige no tener miedo Ed. Booket

Viajar por la vida Ed. Diana

La niña a la que se le vino el mundo encima Ed. Diana

Disponibles en librerías, iBook, Kindle y Googleplay. Amazon y Audible.com jacarandas