Calcetines sucios

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¿Hace cuánto que no ensucias realmente tus calcetines?

Sé que te estoy preguntando algo que trasgrede las reglas básicas a la obediencia materna: «No andes descalza, mira nada más cómo dejaste los calcetines». Sin embargo, ensuciar los calcetines aun sin quitarte los zapatos, significa que has caminado mucho. Nada deseo más para ustedes que miles de pasos por dar. Un largo camino por recorrer y sobretodo, las ganas para hacerlo.

Hace poco fui con mi hijo mayor a hacer senderismo en un cañón. Aventurarte a algo así con un muchacho de 29 años requiere mucho valor y autoestima sana. Allá íbamos; calculamos una hora de descenso y una hora y media de subida. La realidad fue una hora y media de bajada y casi el doble cuesta arriba. Pero llegué, obviamente, si no, no estaría contándoles esto.

No hubieron accidentes ni caídas que reportar, pero el aprendizaje siempre surge cuando abres bien los ojos y agudizas los sentidos. Bajar es fácil, lo haces con ánimos y energía. Casi ,casi presumiéndole a los que rebasas que tú puedes y que nada va a detenerte. Subir ya es otra cosa, requiere más esfuerzo, enfrentarte a tu falta de condición física, literalmente a las piedritas en el camino…ya empecé como siempre, a hablar de duelo. Imposible no comparar ese recorrido con el trayecto que se necesita andar para salir avante de una pérdida. Comenzamos con fuerza, con el tanque de gasolina lleno porque acabamos de ver a la persona amada. Poco a poco las fuerzas van mermando, el cuerpo reclama, las ganas se nos gastan.

Mi objetivo era llegar a una sombrita para descansar un poco, retomar aliento y seguir adelante, pero era un día tremendamente soleado y no había lugares cómodos para sentarse sin estorbar el paso de los otros. Y así es, en el camino nos encontramos con quien no piensa más que en sí mismo, que obstaculiza nuestro proceso sin ninguna consideración y sin embargo, ahí vamos. Dispuestos a llegar a la cima, a decir lo logré y poder llamarnos a nosotros mismos resilientes.

Agotada y con mucha sed después de ya haberme bebido el litro entero de electrolitos que llevaba, conseguí finalmente mi sombra para detenerme a contemplar el paso de los demás. Se vale. También se vale pausar y ver pasar, pero un rato solamente.

En eso veo a tres mujeres que se acercan a donde yo estaba. Dos muy jóvenes y otra mayor, con cabello blanco, tomada del brazo de una de ellas. «Vamos a parar un poquito Abue» dijo una de las nietas. En eso sacó un estuchito de la mochila, le pinchó el dedo a la abuela para a tomarle el azúcar, le dio un par de pastillas y un refrigerio y siguieron adelante. Y ahí estaba yo, totalmente humillada con mis lamentaciones y cansancio. Acababa de rebasarme una señora mayor que yo, con diabetes, y una enorme actitud. ¡Qué inspiración!

Recogí mis lamentos y me puse en marcha hasta llegar a la cima donde las vistas eran espectaculares. La justa recompensa para quien recorre el trayecto. Ahí al otro lado de tu dolor; te espera el mejor paisaje.

Cuando llegamos a la habitación, me quité los tenis como una niña que lleva 15 días en un campamento de verano y va a pisar alfombra por primera vez. Respiré, me tumbé en la cama y fue cuando vi mis calcetines todos sucios. Llenos de tierra, vivos y andados. Nada mal para alguien que pasa 10 horas al día sentada dando consulta.

Como siempre, les comparto mi felicidad y peripecias. Hago suyas mis ganas de seguir dando pasos.

8 pensamientos en “Calcetines sucios

  1. Me encantaba terminar con los calcetines sucios cuando salía con mi amado esposo a correr o solo a caminar, ahora que falleció sigo saliendo a ensuciarlos, no con la misma alegría pero como homenaje a su paso por mi vida, hay veces en que creo que no podré o que ya no quiero llegar a la cima de la montaña, creo que es lo más triste que voy a vivir. Ahora me fracture un pie y no voy a poder salir por un buen tiempo, que quiere la vida de mí?

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  2. Tantas veces calcetines sucios con mi esposo, ya trascendió, desde entonces no más calcetines sucios. Extraño tanto sus pasos a mi lado, nuestras manos tomadas, sosteniendo uno al otro…

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  3. Inspiradora historia, más para mí, que tomé la decisión de empezar ese tipo de aventuras a mis 53 años y que desde que empecé a profundizar sobre la muerte, empecé también a valorar más la vida y ahora siento el deseo de ensuciar muchísimo mis calcetines!!!!

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