Merengues y cantinas

Cuando yo tenía 18 años y acababa de entrar a la universidad, acordé con una amiga irnos de mochila a Europa. En aquel entonces no existía el llamado Eurotrip que ahora es tan común. Viaje que financian y en su mayoría organizan los padres para que sus hijos celebren (y miren que lo hacen), el haber terminado la preparatoria.

Nosotras comenzamos a idear todo, el itinerario con escalas constantes en Madrid donde yo tenía a mi familia paterna para asegurarnos de comer bien y luego volver a la aventura. Faltaba conseguir el backpack y afinar detalles entre los cuales estaba notificarle a mi mamá.

Eso no fue tan sencillo, mucho más equiparable a una revolución que a una notificación. Me lo prohibió, me amenazó con todo lo amenazable; no me daría un solo peso, me sacaría de la universidad, y ya no podría regresar a casa.

Ella estaba asustada, muy asustada y los padres a veces cometemos esa gran agresión que es la sobreprotección pero también ejercemos algo que es muy válido  y que son los límites; hoy lo entiendo.

Hablé con mi amiga y al exponerle el caso me dijo -“¿Y entonces?”

-“Entonces nada, tendremos que trabajar para juntar el dinero pues no me van a dar nada.”

-“Con lo que me de mi papá viajamos las dos” , me dijo.

Y aunque  se lo agradecí mucho, eso le quitaba algo del  chiste a las cosas. Yo debía de ganarme ese paseo no con el  solo mérito de haber terminado la prepa y entrado a la universidad, que más lo veía yo como una consecuencia lógica al esfuerzo de mi madre por pagar mis estudios y mi obligación ante la preparación que debía adquirir para enfrentar una vida laboral. Debía de ganármelo al más puro estilo conocido como  con el sudor de tu frente.

Hicimos de todo; ventas de garage, rifas y también por qué no, vendimos merengues en cantinas. Se van a reír dos horas imaginando a gabytanatologa que ya medía el metro con cincuenta y tres centímetros que hoy poseo, con su canastita ofreciendo merengues en el lugar donde menos se consume azúcar (en esa presentación al menos) del mundo.

Pues fueron un éxito. No se si les hacíamos gracia o les dábamos ternura pero nos fuimos a Europa.

Mi mamá no tuvo más que rendirse ante mi esfuerzo y árduo trabajo. La última noche antes de partir, se sentó a los pies de mi cama y me dijo que podía volver a casa, que seguiría en la universidad y que me amaba ( cosa que yo ya sabía). Me regaló también cien dólares y me dio su bendición.

Ese viaje fue uno de los mejores de mi vida, en efecto pasé hambres con mi poco presupuesto pero aprendí y crecí como no se imaginan.  Comer solo una crepa de azúcar al día no le quita a Paris su hermosura ( al menos no cuando se tiene esa edad). Inclusive regresé bien gordita a pesar de todo, pues las escalas en casa de mi abuela y su paella fueron gasolina de la mejor clase; puro aceite de oliva.

Hoy lo recuerdo con alegría y les comparto esta anécdota pues empiezo a ver algunos jóvenes con  pocas ganas de luchar por sus sueños; se detienen ante  el primer  obstáculo. Hoy la  tendencia es a permanecer cómodos, inmutables ,sin proyecto de vida ni energía para salir a buscarlo. Al no esperan algo de la vida creen que así lograrán defenderse del desencanto y  la decepción.  También ellos están asustados.

Un gran sillón y la pantalla plana frente a sus ojos son una barrera entre su sed de crecer e independencia y  las ganas de levantarse y hacerse de los medios para lograrlo.

Espero sinceramente que esta anécdota en mi vida sea una semilla que  germine en muchos las ganas de fabricarse una buena vida llena de sueños. Ellos ahí están,no los han abandonado,  solo que ustedes ya no los recuerdan.

Cantinas hay muchas y siempre habrá merengues por vender.

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3 pensamientos en “Merengues y cantinas

  1. Gaby me encantó y me hizo verme reflejada cuando yo me queria ir a estudiar la Maestria a España y el dia que me aceptaron me dijo mi mamá… “y como le vas a hacer para pagarlo”… yo toda ingenua pensando que por vivir aun en casa de mis papas ellos lo iban a financiar… en fin, con muchos esfuerzos y financiamiento (y obvio una gran cooperacion de mis papas) lo logramos =)

    me encanta leerte siempre y conocer de tu vida y saber que eres una gran persona

    Abrazo Montse

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  2. Buen día Gaby… uno no deja de conocerte y de confirmar por qué eres la persona luminosa que eres… si haz hecho de tu capacidad de soñar tu motor de vida… y sí, hoy muchos jóvenes tienen miedo a enfrentar el mundo de hoy, sin darse cuenta que muchos adultos también llegamos a tener temor, pero ojalá tus palabras lleguen a muchos ojos y oídos que lo necesitan… un gran abrazo como siempre y sabes que este San Luis Potosí se honra con tus visitas.

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  3. Los límites nos los ponemos nosotros mismos, da miedo ser padre y no poder guiar bien a los hijos, pero más miedo da cortarles las alas, así que pásame la receta de esos meregues para que la vayan practicando. Te quiero.

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