El cielo de Auschwitz también es azul

Hace poco tuve la fortuna de realizar uno de mis grandes sueños; el poder aprender más acerca de la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto y los campos de concentración. Todos me conocen como Tanatóloga y escritora pero también soy Logoterapeuta y maestra de esta hermosa ciencia de actitud hace muchos años.

Viktor E. Frankl ha sido fuente de inspiración para mí y a través de mis palabras, también para mis pacientes. Pienso en la pérdida como el muy personal campo de concentración de cada uno de mis usuarios y busco le digan siempre Sí a la vida bajo cualquier circunstancia.

Visitar Auschwitz debe hacerse con absoluto respeto, casi, casi descalza en señal de que estamos pisando tierra de dolor ajeno. Impacta ver como algunos deciden tomarse la selfie, o posar en espacios que solo deberían de llevarnos a la reflexión y cambio.

Toda la historia antes estudiada para mí se quedó corta, una sola habitación llena de cabello, zapatos y utensilios de cocina fue suficiente para entender como nunca antes, que atrás de cada uniforme de rayas hay una biografía personal que no puede agruparse en un credo religioso, una preferencia sexual o unos hábitos de vida. La unicidad del ser humano no puede ser abolida quitándoles a las personas sus zapatos y poniéndolos a probar botas de guerra en terrenos rudos por horas. Cada pie, es una huella. Hoy inscrita en mi alma con un conocimiento más puntual de los hechos y también de los sucesos en la vida de tantas y tantas familias.

Me sorprendió el cielo azul de Polonia, una belleza. Un regalo de la naturaleza, bálsamo seguramente para quien salía forzado a trabajar pero podía aunque fuera por segundos contemplarlo. Un cielo así es una promesa, de una vida mejor. Más elevada y espiritual. Alejada de la crueldad y locura de los hombres, de su sed de poder y su miedo a las diferencias entre hermanos.
Hoy los alemanes quieren no olvidar la historia, reconocerse dolientes también por un pasado que los marca pero que entiendo, no están dispuestos a repetir ni dejar borrar en la memoria del mundo; porque eso estaría poniéndonos en posición de volver a cometer los mismos errores.

Prometo, porque así debe ser, que este privilegio de estudiar insitum uno de los peores capítulos de la humanidad o deshumanidad ,hará de mí una persona más abierta, incluyente. Sin juicios a priori sobre alguien, que no sienta miedo por las diferencias en pensamiento, apariencia o conducta de otros. Tengo mucho trabajo por hacer en mí y en los que tenga la fortuna de tocar sus vidas.  Por que todos decimos que no discriminamos pero hacemos comentarios ofensivos sin darnos cuenta, porque cambiamos de acera al caminar cuando a nuestro encuentro vienen personas “raras” , cuando elegimos un asiento en el transporte público en función de quien está sentado a nuestro lado. Nadie tiene la verdad absoluta, todos tenemos derecho a un pedacito de ella y a nuestra búsqueda de la felicidad.

Visitar un campo de concentración no es para ver los lugares, como bien me lo probó una joven ciega que acudió en mi grupo, es para sentirse. Para vibrar la historia desde el corazón y la razón porque los sentidos nos quedan cortos para dimensionar la pérdida y la devastación. Solo el alma nos sirve para honrar la dignidad intrínseca del ser humano, la que no le puede ser arrebatada bajo ninguna circunstancia.

Les comparto mi visión, mis ojos a través de imágenes. Lo que vi, lo que me cambio, lo que sentí y lo que habré de aplicar en mi vida profesional y personal de ahora en adelante. Si con esto puedo hacer que un poco del dolor de tantos millones de familias no haya sido en vano, que así sea. Vivirán en mí, ahora con rostro, como motivación y fuerza.

México, luchemos mucho por recuperar nuestro cielo azul. Uno que se pose por encima de nuestras cabezas pero también  otro que se extienda dentro de nuestros pulmones para que sea el aliento de fe y resistencia que exhalemos en nuestras familias y hogares.

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7 pensamientos en “El cielo de Auschwitz también es azul

  1. Siempre interesantes tus palabras, sean escuchadas de viva voz o leídas en tus escritos… y qué importante es para cada ser humano el encontrarle sentido a la vida… ese motor que nos permite salir adelante de cualquier tribulación, que nos impulsa a conquistar a la pareja, que nos mueve a hacer lo necesario y un poco más por aquel hijo que tenemos a nuestro lado… Felicidades Gaby y en cada lugar donde nos encontremos, siempre habrá para ti una sonrisa y un abrazo cariñoso.

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  2. Sublime y conmovedoras tus reflexiones sobre Auschwitz. Es una posibilidad diferente de construir algo positivo en lo personal de ese horror que mancha la historia de la humanidad. Todavía hay mucha intolerancia, crueldad y violencia. Pareciese que no aprendemos de la Historia. Te escribo desde mi país en uno de sus más dolorosos momentos. Tu fans n#1 en #SosVenezuela

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  3. Gaby estoy en un diplomado de tanatología pues te sigo hace poco en youtube y has sido una gran inspiración para mi. Leí este libro del Hombre en busca del sentido de la vida hace unos días . Se extendió mi entendimiento del sufrimiento tan intenso y la perdida de dignidad que vivieron los prisioneros de guerra. Ha tocado mi alma este relato, justo así como mencionas que conocer este lugar te llego a los mas profundo. Espero llegar a ser como tu una tanatóloga apasionada y dispuesta a ayudar a los demás, y a la vez, encontrar ahí mi sentido de vida.

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