Turistas y viajeros

Hay dos clases de paseantes por la vida: aquellos que palomean los lugares por visitar, van y se toman la selfie para compartirla en redes y decir que ya fueron (turistas) y aquellos que exploran un lugar, le entran a su gastronomía por exótica que parezca y viven el sitio. Lo hacen suyo. Esos son los viajeros. Viajar por la vida (título de un libro que les recomiendo ampliamente) es un privilegio de incalculables proporciones.

Hace poco regresé de  India, dos semanas para ser exacta y me ha llevado este tiempo acabar de tomarme la Vibramicina (medicina par prevenir malaria), ponerme al día en pendientes y acabar de asimilar todo lo vivido por esas tierras lejanas.

Aunque el viaje haya terminado India sigue viajando en mí. Me sorprendo pensando en ella a la menor provocación, imágenes asaltan mi cerebro en todo momento. Me descubro sonriendo sin aparente motivo en total agradecimiento a la vida por la oportunidad, por lo perfecto de la experiencia y por haber sido partícipe de un pulso acelerado, de una fe apabullante y de un mundo colorido con quien siento haber tenido una cita  desde hace  ya mucho tiempo.

Me prometí a mi misma no regresar diciendo que hay pobreza y suciedad, eso ya lo sabemos y por acá también tenemos la nuestra. Decir esas cosas es hacer una versión reduccionista de otro universo, eso fue India para mí. Un lugar donde en muestra de afecto y sin connotación sexual los jóvenes se toman de la mano, donde si a mí me parece raro ver una cobra saliendo de un cesto al sonar de una flauta al que la lleva le parezco más rara yo por mi color de piel y ojos. Un encuentro espectacular con siglos de historia, infinidad de Dioses y sus reencarnaciones, pensamiento mágico y excelente dotes de comerciante en sus habitantes. Todo eso junto y personificado en un señor de no pocos años que hace a la perfección la sentida Hindú que yo nunca he podido lograr.

Estoy tan feliz de que mis ojos vean más allá de las cosas que pueden distraerlos porque si bien una vaca comiendo basura a mitad de la calle es llamativa lo es mucho más la tolerancia para diferentes credos religiosos y  el respeto a la vida en todas sus manifestaciones. Espero y quiero que quien visite nuestro país también sepa ver más allá de la inseguridad o la contaminación y no hable solo esas cosas de México. En la vida hay mucho subtexto y hay que aprender a leer entre líneas.

Yo no fui a “encontrarme” a India, ya me tenía bastante ubicada. Fui a disfrutarme a India; a saber que aún soy capaz de montar un camello, andar en elefante, aprender conductas y pensamientos nuevos, salirme de mi zona de confort, reducir mi espacio vital, aguantarme las ganas de comprarlo todo y  con ello traer a casa un poquito de aquella tierra mágica.

Lo que sí espero haberles traído a todos es una Gaby más profunda, más empática, más tolerante y si eso es posible, aún más feliz.

Amo ser viajera y los invito a que lo sean ustedes también.

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