El pulso de la vida

Una prueba inequívoca de vida es tomarle el pulso a alguien. Si no podemos percibir el torrente sanguíneo, el fluir de la vida por las venas, entonces es factible asegurar que esa persona ha muerto.

Conviene tomarnos el pulso de vez en cuando, saber si estamos acelerados o es apenas perceptible. Me refiero a reconectarnos con la vida, darnos cuenta si estamos viviendo la vida que queremos vivir o ella nos vive a nosotros. No es un juego de palabras es un tema de tomar el control y decidirnos a realizar los cambios necesarios para volver a ser felices.

A esta vida venimos a tres cosas fundamentalmente: a ser felices, a ser la mejor versión de nosotros mismos y a ayudar a otros a que lo sean. ¿Vas bien?  Si no, es momento de recalcular el rumbo. Vuelve a bombear en tu vida alegría, capacidad de asombro, gozo existencial y disfrute por los pequeños momentos.DSC_3242 No te compliques la vida esperando que sucedan Grandes Cosas, la vida está transcurriendo mientras tú esperas su llegada.

Como tanatóloga te digo: La vida es corta, dure lo que dure es corta.

Me impacta escuchar a alguien decir ” Quiero leer novelas, ahora que mi vida ya acabó, quiero leer de la vida de otros.” Señores, señoras esto no se acaba hasta que se acaba, como decía Don Fernando Marcos, comentarista deportivo: Hasta el último minuto tiene 60 segundos.

Me parece muy bien que quieran leer pero para seguir viviendo, viajar no para escapar de su realidad sino para que la vida no se les escape.

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2 pensamientos en “El pulso de la vida

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